No nací en Ayotzinapa pero me duelen sus 43 estudiantes normalistas. Leí que fueron quemados en una pira, luego de ser abatidos por la policía y mutilados por Guerreros Unidos. Entre ellos, Everardo, Jorge Luis, Marco… Pero no los desaparecieron; sus cenizas ya volaron y están por todos lados. En 15 horas no se quema un sueño, una tierra no delimita el dolor ajeno, este grito ahora es un lugar común. Una sola voz se propaga, desde las gargantas de Leonel, de Julio César, de Miguel Ángel, de Joshvani.
No conocí a Abelardo, a Christian Tomas, a Saúl o a Jorge Antonio, y sin embargo mi sangre desemboca en ese río de calabacitas –en Náhualt– donde caminaban a diario. Me duele el dolor de Abel, de Felipe, de Jonas, de Jorge Álvarez al ser desollados. Jorge Aníbal estaba como muerto, al igual que Carlos, entre todos los cuerpos que ahora cobijan una sola sangre. Emiliano es nuestro muerto. Adán es nuestro muerto. Cutberto es nuestro muerto. Luis también es nuestro muerto.
No soy un normalista, como lo era Antonio, Giovanni, o Jesús, pero soñamos igual. Somos un atisbo en el viento, una flor remojada en agua bendita, una piedra rompiéndose en un peñasco. Y aquí está mi garganta para arrojar una súplica de justicia. Julio, no te olvidamos. Martín, no te olvidamos. Magdaleno, Marcial no te olvidamos.
Jamás subí a un bus con José Luis, o con Mauricio, pero los siento cercanos, en una llaga sin relojes, en el mismo llanto, en las mismas cuencas desabitadas de sus ojos. José Ángel, Miguel, Israel Caballero, aquí están mis ojos para llorar su dolor, que ahora es la patria de todos nosotros.
Los mafiosos están enquistados en esa rancia política. Dicen que son más de 150 mil, desde el 2006, las víctimas del narcotráfico. Israel Jacinto fue uno de ellos, también Benjamín y José.
Nunca estudié en la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Dorian, de César, de Christian Alfonso pero desde esta silla me imagino en sus pupitres y la angustia es de todos. Lloramos la muerte de Carlos, de Luis Ángel y de Alexander también. La fosa común se llama olvido, y no los olvidamos. Los lloramos todos los días. Exigimos una política pública mexicana alejada de los grupos narcotraficantes. Demandamos una política de reducción de daños de drogas, que cause menos dolor que el que causa la caduca política antidrogas. No nacimos en Ayotzinapa, pero cada estudiante nos duele como si fuera nuestro.
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sábado, 15 de noviembre de 2014
viernes, 23 de agosto de 2013
Abrásame, mi amor, abrásame.
Abrásame, mi amor, abrásame.
Consume todo lo que me queda hasta el tuétano del alma, lo que se enraíza en los andamios de mi ser.
Tu nombre se encabrita fugaz como esquirlas que se apisonan en la lejanía de este paroxismo en llamas.
El universo copula en tus ojos y yo quiero desenterrarlo
con estas manos que rozan un crepitar sesudo.
Abrásame, mi amor, abrásame.
Suspendido en los siglos de tu mirar,
mi cuerpo se campanea como el suicida en el madero esperando el reencuentro con la nada.
Seríamos esa duplicidad ardiente de las nadas sumadas,
una pira majestuosa en los portarretratos, seríamos
nuestra propia luz encegueciéndonos, el dialecto del fuego
enamorado.
Abrásame, mi amor, abrásame.
Cuando mi lengua toca tu lengua, son dos piedras chocando
intentando el común incendio.
Abel Ochoa, 2013.
lunes, 13 de mayo de 2013
Así cantamos con Zaratustra
Desde Bilbao, España, les presento la musicalización que hace el psiquiatra, miembro de la Txori-Herri Medical Association y de los Beautiful Brains, el Profesor Pitiklinov @pitiklinov, del poema que consta en mi primer poemario, El abismo de los justos.
http://www.youtube.com/watch?v=xaeDH1SUk7U&feature=youtu.be
lunes, 25 de marzo de 2013
Hay poetas
Hay poetas que le escriben a la muerte
deslizándose en el céfiro de algún cielo
humedecido con su semen,
en la intemperie sólo deben arrojar un poema al viento
para que el mundo arda y caliente su cuerpo poético.
No saben de política, ni de economía, ni de estadísticas mundiales
pero guardan bajo sus mangas epígrafes recónditos
y se sienten grandiosos,
como si su labor fuera de otro mundo,
o el mundo les quedara corto. Pero tienen miedo de morir.
Ya no saben si suicidarse de una vez por todas
para pintar un verso en su tumba
¡y ser inmortales!
sábado, 16 de marzo de 2013
Subempleo en el bus
Estoy en la buseta al medio día, con un calor de los quintos infiernos, pegado a un gordo que me suda en el brazo a quemarropa. En estos transportes el subempleo es habitual: desde payasos, vendedores de caramelos, chocolates, artistas. Ecuador tiene talento, lo que no tiene es trabajo. A veces creo que el trabajo se piensa como mendrugos para la sociedad, y yo sigo sentado viéndolo todo.
Se sube un vendedor con una especie de collares donde se ajusta el celular. Si se vende café descafeinado, no veo tan ridículo el invento. El tipo comienza su discurso diciendo que le ha llegado el 'domingo siete' y que tiene que llevar el pan a la mesa de su hogar. Es obvio: nadie le compra, pero se despide agradeciendo por la colaboración sin olvidar nunca a Dios. Mira a la ventana del fondo de la buseta como si en sus ojos volaran todas las aves de rapiña sobre su cuerpo famélico, con su hijo que aun no nace, que aun no muere, en este desierto hostil, como si estuviera pensando "Dios, por qué me has abandonado".
Luego de unos minutos se embarca una mujer, embarazada, con un bebé en sus brazos, y otra niña de diez añitos aproximadamente, con sus ojitos cansados de llorar por el hambre, su frente cansada de sudar por el trabajo no bien remunerado, con sus pies empolvados recorriendo los kilómetros que su padre caminó para abandonarlas. Entonan una canción religiosa con una especie de aullidos borrascosos que se derraman de sus gargantas roídas por una larga jornada. Los ojos del coro más triste que he visto en mi vida miran hacia adelante, ahogados en el mar del desempleo trabajador, gritando pero cantando "Dios, por qué me has abandonado".
jueves, 14 de marzo de 2013
Abismo de los justos en Casa de Soledad
Crítica del libro "Abismo de los justos", por el poeta Cristian López Talavera.
http://casadesoledad.blogspot.com/2013/01/el-abismo-de-los-justos.html
http://casadesoledad.blogspot.com/2013/01/el-abismo-de-los-justos.html
Abismo de los justos en Ciudad Hecatombe
Una crítica sobre el libro "Abismo de los justos", del poeta Alexis Cuzme.
miércoles, 27 de febrero de 2013
Poemas de Tertulia de los Cuervos
Comparto dos poemas inéditos que escribí para La Tertulia de los Cuervos, portal de poesía mexicano, en una dinámica propuesta llamada Más que mil palabras, a partir de obras plásticas de Raúl Gasque.
Veo tu vasto cuerpo desde mi penumbra,
desde nuestra lejanía equidistante. Me sonríes
entre tus dientes de cielo. Anclo
los muertos que no zarparon a tu encuentro,
y se pudren en las orillas de algún cielo raído.
Qué lugar es éste donde
desenvaino mis sombras
para aproximarnos en el territorio de nadie;
sin pasado ni fantasmas,
donde no distingo mis manos enraizadas en la hojarasca.
Vertí la gasolina de mis naves
en todos los días hasta hoy
para arder en silencio.
Veo tu vasto cuerpo desde mi penumbra,
desde nuestra lejanía equidistante. Me sonríes
entre tus dientes de cielo. Anclo
los muertos que no zarparon a tu encuentro,
y se pudren en las orillas de algún cielo raído.
Qué lugar es éste donde
desenvaino mis sombras
para aproximarnos en el territorio de nadie;
sin pasado ni fantasmas,
donde no distingo mis manos enraizadas en la hojarasca.
Vertí la gasolina de mis naves
en todos los días hasta hoy
para arder en silencio.
Estou farto do lirismo comedido
Do lirismo bem comportado
Manuel Bandeira
El cielo se ha llenado de mares tormentosos desde siempre. Nadamos en ellos, nos ahogamos, salimos a flote, y nos hundimos de nuevo. Así vivimos: muriendo. Así morimos: naciendo. La eternidad habita debajo y arriba de nosotros, nunca en nosotros. Estamos hartos de ser los monigotes del alma, estamos hartos de la vida-muerte en blanco y negro, estamos hartos de los dualismos, estamos hartos de bailar llorando; debajo de la lava volcánica: el rancio miedo, el motor de esto, que es vida o muerte.
miércoles, 20 de febrero de 2013
Ver para creer
Se escucha un sonido opaco en el fondo del tarro del mendigo que yace desparramado en la acera como si fuera un monigote, con los ojos pintarrajeados de blanco. Los automóviles pasan vertiginosamente sin detenerse, así que no puede ser un mortal que pretende comprar su estadía en la eternidad por una moneda. Tampoco podría ser un peatón que cruzaba por ahí, ya que los párpados ciegos no habían registrado cambios de luz repentinos. El mendigo introduce su mano y siente otro proyectil en su cabeza; la boca se convierte en un contorsionista de circo ruso, que se convierte en un hombre bala expulsado por el cañón, dibujando en el aire un «¡Puta madre, otra vez se me cagó el cielo!» La bandada de palomas emprende la huida sobre el mendigo que limpia la escena del crimen con una franela.
Son las once de la noche y una camioneta se detiene ante el mendigo agrupando las monedas por su tamaño. Un palito en forma de bastón lo guía hasta la parte posterior, se trepa en el balde y al llegar a su casa, el conductor saca cinco dólares del tarro y le dice: «Mira, José FelizAno, dos para la gasofa.» Desde el interior de la casa se escuchan sollozos de mujer, los perros emanan ladridos que se evaporan con el calor, y el lodo penetra los zapatos del desdichado mientras ingresa por la puerta de retablos. Hay santos amotinados en una especie de altar fabricado caseramente, la mujer emite un saludo desde el piso: «Mi amor, estoy rezándole a San Eduardo, que dicen que cura a la gente ciega.» El hombre sonríe diciendo: «Mija, a mí el cielo se me vive cagando encima, pero veamos qué pasa», y tantea las paredes hasta llegar a su rostro, besa torpemente su oreja pretendiendo besar su frente. «Léeme los números de la lotería, a ver qué nos ganamos», comenta. «Cómo vas a ver, pendejo —acota la esposa—, si nunca rezas…», agarra al santo del pescuezo y se retiran a la habitación.
El sol de la mañana se abalanza hasta la ventana, sobre el mosquitero cuelgan mosquitos sedimentados, el sudor de la mujer la ha pegado a la sábana del catre, toca su proximidad buscando al marido que no está ahí. «Mi amor —dice al ciego la mujer que ha salido hasta el umbral de la puerta—, deja ese bastón que hoy es domingo», él se parte en un llanto que podría llenar algunos charcos, o tanques, ¡o cisternas con sus lágrimas! «¡Carajo, puedo ver!», grita con todas sus tripas. La esposa se desploma en sus hombros y le dice «¡Gracias a San Eduardo, esto es un milagro!» La respuesta relampaguea al instante: «¿¡Qué milagro va a ser si ya no tengo trabajo!?»
El grillo
Les comparto un cuento que está incluido en el próximo libro que estoy escribiendo.
Un grillo se ha metido en mi wáter y nada en círculos. No pierde la fe en ningún momento y sigue pataleando, nadando, arrastrándose por las aguas cristalinas, intentando escapar de esa pocilga mojada, con los deshechos del mundo, de un mundo deshecho. Me aguanto las ganas de orinar al ver la esperanza viva en su acto más puro, reencarnado en un animal que escala las paredes pero cae de nuevo, intenta, sigue intentando. Yo tengo ganas de mear, pero él tiene ganas de vivir, quién soy yo para decidir en este momento que ahora lo veo como un acontecimiento digno análisis. Se escuchan los chirridos de los otros grillos de la casa, seguramente brindándole su aliento de grillo a grillo, o llamando a la esposa del pobre infeliz caído para someterla en su trinchera.
Mi vejiga se asemeja a una vejiga de carnaval a punto de estallar y ya he abierto la jaula. No quiero apuntarle a la cabeza pero no me aguanto más. El grillo me mira de reojo sabiendo lo que le espera, pero se aferra a la vida y a las mil piscinas olímpicas que lleva nadando. Parece que me dijera: “No me mate, señor, se lo ruego. Mi esposa está sola y un grillo se aproxima a ella.” Se me escapa una lágrima, es lo único que se me ha escapado ahora y le digo pero sin abrir la boca: “Ten paciencia grillo, en la utopía está la vida.”
Yo también combato con la esperanza, a veces siento que me muero, que las ganas que tengo duran lo que dura un perro en misa, que los pocos problemas me asfixian como una corbata asesina, y veo nuevamente al grillo, nadando, sacudiendo sus patitas a la velocidad de un rayo para aproximarse al mismo lugar donde empezó, una y otra vez. Me surge una interrogante -medio cojuda aparentemente: ¿Cómo un grillo puede tener más esperanzas que yo? ¿Será acaso ésta un prueba divina para enseñarme a no perder la fe nunca?
Ahora sólo disparo a un costado de su cuerpo, trato de no lastimarlo, de dejar intacta su vivacidad ortóptera. Sólo descargo mi ráfaga que se anida en mis entrañas, que me atormenta, como mi desesperanza. El animal se deja llevar por las espirales de orina y agua que lo circundan. Nada parece atormentarle. Se hace uno sólo con mi chorro que yace en las aguas, con restos de heces fecales impregnadas en las paredes cóncavas.
No voy a jalar la válvula. Sería como jugar a ser Dios, ahogar al único granito de esperanza en un sólo jalón, o sacarle el corcho a los mares en tiempos de Noé y matar a toda la humanidad entera. Terminar con la vida de este grillo no sería como matar a cualquier insecto. Nunca ha visto una mosca que me viera a los ojos, más aún con los miles que cargan. Nunca he visto una libélula con tanta luz. Ningún escarabajo se ha aferrado tanto a la mierda como este grillo a la esperanza de salir de este precipicio húmedo, de salir de los cimientos de la mierda a montículos gigantescos de la mierda en su máximo esplendor; deambulando por las avenidas, por los centros comerciales, por los juzgados y galerías de artículos varios. ¿No será de esto que se trata la esperanza: de nadar en círculos hasta que llegue el fin?
Bajo la tapa del wáter para sentarme un rato, para expulsar el líquido que no derramé donde el grillo jugaba a ser Houdini: lágrimas de negación. Es cierto e irrefutable, un animal inferior a mí tiene más esperanzas bajo esas alas, que ahora nada hacia la nada, dejando su estela de esperanza en las aguas amarillentas. No lo rescato porque la finalidad del alma es perecer. Pienso que si meto mis manos para salvar al grillo sería como alterar el orden natural de la vida, descomponer la historia. Pero no me importa, la desesperanza dará más esperanzas a la esperanza reencarnada en seis patas, así me remoje en mi residual hilacha rota.
He subido la tapa y el grillo no es más que un cadáver flotando en el sol diluido. Por primera vez percibo mi reflejo en el fondo del wáter y no siento más deseo que envestirme de Dios; jalo la válvula para sumergir a la esperanza. Suena un chirrido fúnebre…
martes, 29 de enero de 2013
Fever
Me sumerjo un rato en mi cama. Mi cama, empapada del sudor que se vierte a borbotones de mi cuerpo. Mi cuerpo tiene una fiebre de los mil infiernos y parece que estoy a punto de parir otros cuerpos incandescentes. Es que estoy que me cago, o ya estoy cagado y no me di cuenta. Las voces se derriten en las puertas, rasgan mis paredes carniformes. Esto se parece al Guayaquil Ardiente pero sin Gustavo Navarro y sin las peladotas. Creo que con la calentura –que no se confunda con excitación– comienzo a pensar huevadas. ¡De este incendio sale el agua que lo debería estar apagando! Escucho unos pasos desde el tuétano de la casa. Se alejan. No espero la infantería blanquísima o un perro que me lama las heridas chamuscadas pero no quiero quedarme solo con esta maldita hoguera bárbara. Debería ponerle todas las trancas a la puerta desde aquí, inmediatamente, para quemarnos todos o nadie. Mi brazo se estira como una anaconda solitaria en la selva. Esta selva plegada en nueve metros cuadrados de viento que me aviva hasta la saciedad. Nadie se baja de la camioneta en llamas. Soy el pájaro de fuego que yace en las catacumbas del sol. Dios de la parsimonia, me traes a tus vecinos para que duerman con el enemigo tuyo. En mis sobacos guardo todos los mares, para apaciguar tu furia bendita, irme lejos de mí, penetrar las álgidas avenidas. El cielo colinda con la farmacia y Houdini con voz mujer ha abierto los cerrojos con las mismas manos que se hicieron una misma piedra. El paria de todas las piedras llora en su lápida ardiente. Las manecillas son de una arena inútilmente incendiable, se agrupan en un tiempo ajeno para la muchedumbre de los matorrales solares. Se averió mi flexo-brazo, mi lengua de lagartija, el yoyo tendido a mí, y ahora languidece en las baldosas, se arrastra hacia su vértice cerdoso. Los bomberos abren la puerta y con un vaso de agua sepultan a mi yo abrasado, que gorgojea desde el acantilado lleno de plumas y remoja sus cenizas.
miércoles, 21 de noviembre de 2012
Presentación Ópera Prima
Los invito al evento de presentación de mi libro y de toda la colección de poesía donde constan:
Pre-Esencias de Marcelo Silva
El Designio de la Espuma de Omar Balladares
La Danza del caído de Jorge Valbuena
El Abismo de los justos de Abel Ochoa

La presentación de los libros estarán a cargo de: Carlos Garzón Noboa, Mónica Murga, Santiago Vizcaíno y Liyanis González.
Estaría muy a gusto que puedan invitar a más gente en el siguiente evento de Facebook
viernes, 9 de noviembre de 2012
José, el indigente
En el barrio de La Garzota pasan vendedores ambulantes –o deambulantes– de hayacas y humitas a las 6 de la mañana; escuchas un “¡el gas!” y le dices –Gas, deme uno. – nadie conoce el nombre del chico; afiladores de cuchillos que están a punto de colgar los guantes de su antiguo oficio, camionetas con megáfonos que vocean los precios de las frutas –nunca falta el adjetivo “jugosas” –. Cada voz es única y reconocible, como si se hubiera perfeccionado con el paso del tiempo.
José es un personaje en esta zona, y nos visita de vez en cuando. Algunas veces se le roba un guineo a Norma, la dueña de la tienda y ella sale corriendo, con su acento en la punta de la lengua, a recriminarle su fechoría; en otras ocasiones, le “baldea” el piso de afuera al veterinario de la esquina y él le paga con un dólar. Los domingos suele ir a mi casa para que le regale ropa que no uso, y yo que uso poca, le doy lo que puedo. A veces le compro algo de comida en un kiosko de hamburguesas. Prefiero darle comida a dinero, pese a que ya no fuma nada –así dice–.
Los domingos en la mañana, no pueden faltar merodeando los predicadores con paraguas y faldas largas. Un timbre sin tocar puede acarrearles el fuego eterno y nosotros padecemos sus ganas de salvarse. Están sedientos de presentarme a Dios en un libro. Creo que ya han perdido la fe conmigo porque hace tiempo que no vuelven a mi casa y ya los comienzo a extrañar. Recuerdo de repente un versículo que dice “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber…” Pasa José –“mi amigo”, como lo conocen en mi casa– por la otra acera, me hace de la mano y me grita –¡Jefe!, ¿tiene algo?– Rebusco entre el armario alguna camiseta que ya no me quede y se la doy.
Es chistoso porque yo puedo ser amigo de Dios, mientras los religiosos que operan en el sector lo buscan incensantemente todos los domingos, teniéndolo tan cerca.
Así transcurren los días, con los ladrones que asaltan a los caminantes con rumbo a tomar su bus para el trabajo; o los vecinos que nunca te devuelven el saludo; o los chamberos –no freegans– que rebuscan entre las fundas de basura, antes de que pase el camión recolector, algún pedazo de pollo en buen estado, un poco de arroz.
José sigue visitándonos, sigue robándose guineos, yo lo sigo ayudando. Y mientras Dios es un camaleón, los timbres siguen sonando.
jueves, 27 de septiembre de 2012
Libro
Está en proceso de edición mi primer libro que posiblemente se llame Apócrifo. Les cuento algunos detalles para los que siguen mi labor en la poesía:
Posiblemente se publicará a finales de noviembre de este año por la editorial El Ángel, en Quito, en la colección "Ópera Prima". En ésta constan los poemarios de Jorge Valbuena con "La danza del caído", Omar Balladares Rodríguez con "El designio de la espuma" y Marcelo Gustavo Silva con "Pre-estancias". Gracias a Xavier Oquendo por toda su colaboración, a Jorge Valbuena por su prólogo, y a los dos por su amistad sincera.
Sin más que decir, me despido.
un abrazo,
abel
jueves, 13 de septiembre de 2012
Un blues cualquiera
Por Andersson Boscan y Abel Ochoa
Un blues, quiero cantar un blues
del consuelo desconsolado
a la mala salud de hierro,
a los vivos de hambre,
a la promiscuidad del soldado,
a los precursores del yerro,
a las madres Teresas de Calcuta
a las putas que duermen en enjambres.
Quiero bailar al filo de tus sueños,
al son de la guitarra plañidera,
sacarle las espinas a estos tiempos
del mendigo y sus ojos empolvados.
Habría que vaciar las malas noches
del presidiario de la incertidumbre
al mar que desembocan los acordes.
Quiero pintar la nada
Ese absurdo rincón de nuestra alma
Donde el pasado es el prólogo del mañana
Los lienzos blancos nos aterrorizan
Y las musas nos ridiculizan.
Quiero pintar la ventana de Sábato
Y ser tu asesino bendito.
Pero sucumbe el péndulo del verso
en la lluvia de pájaros ardientes
urdiendo mis despojos solitarios,
en navíos con rumbo vagabundo,
abismos rebosados de lejía,
en desiertos de sombras de alquitrán,
en las cenizas que pudieron ser.
Corro, grito, escribo y no miro atrás
No quiero ser una estatua de sal,
Me atrapa la libertad,
Me pierdo en la certeza de mis dudas
Deambulo por las calles que pueblan el olvido
Con Paz: allá donde comienzan los finales
Errantes golondrinas, con los tiempos
aprisionados en su pico de oro,
sus huesos yacen en el pavimento
esperando el reencuentro con su nombre.
¿En qué vientre escondiste tus espejos?
¡Eclosiona tus poros de dolor!
lunes, 30 de julio de 2012
Declaración
Mis manos son dos pájaros muertos enraizados en tu viento ausente. Sus alas sólo son mortajas cálidas cobijando portarretratos congelados, y se agitan acongojadas en el cine, y lloran jaulas de silencio. Dios sopla con toda su furia hacia la torre que me conectaba a tu vientre. Saco mi espada para luchar contra los oráculos que se amamantan de presagios, penetro un espejo y brota un manantial de sombras pasadas, sombras con forma de nube de lluvia, sombras diáfanas, sombras de maceteros de papel.
Me revuelco en un sueño hostil donde me introducen sondas cargadas de pólvora; el gatillo es tu nombre habitando bajo mi lengua. Las lunas que depositas en la fosa de mi boca han roto el cascarón y te aclaman dando alaridos de náufrago.
¿De qué manera puedo arrancarme el alma y dártela en una caja de zapatos? ¿De qué manera te hago un collar con mis párpados erguidos como un espantapájaros en la madrugada?
Escucho ladridos en la calle que se disipan como la sangre agonizando en un taxi de regreso que nunca llega. Profanaré los besos arrastrándome por cuerpos grises, entierro otro poema en el lugar inexacto.
domingo, 10 de junio de 2012
Se rumora
Para Ivonne Cantos y Carlos Alcívar
Que el amor de este par enamorado
con sus nobles sonrisas sin muralla,
se siente con la brisa de la playa
se siente con la luna y su recado.
Que el amor se escabulle por las rocas,
como el agua de Dios en el bautismo,
como la dicha en el eterno abismo
de un te amo cotidiano de dos bocas.
Que el amor cae cual reloj de arena
en el suelo de la feliz condena
de dos cuerpos cautivos entre sí.
Que el amor se posó en esta copa...
Todos borrachos es la mejor tropa
cantándole al amor con frenesí.
jueves, 12 de abril de 2012
Palíndromos III
16. Átame más. ¿Irnos al Neuquén? La sonrisa me mata.
17. Abolir, oír, pasar, Eva. Verás a priori, ¡loba!
18. Orar le es apático, cita. ¡Pase el raro!
19. Luz azul.
20. Nace sidosa, cauta. Tú, acaso… ¿disecan?
martes, 24 de enero de 2012
Palíndromos II
11. Son emanes ebonitas. Edad da desatino: besen a menos.
12. Tú, bedel avaro, darás a Sara, Dora. ¿Vale? Debut.
13. Sólo di: nos atan, osan afuera. Ruco, ¡curare! Ufana sonata: son ídolos.
14. Osen operar apáticos. Cita: "pararé: pon eso".
15. Era ruca, da curare.
lunes, 16 de enero de 2012
Palíndromos I
1. Natas se lamen agrio. Oír: gané mal; es Satán.
2. Alocada le paro, haraposo rap. Raposo par, ahora, pelada cola.
3. ¿Rola? Capaz agobia, cara mala. Alá, Maracaibo... gazapa. ¡Calor!
4. Sólo por apoyarle el rayo paro polos.
5. Las yedras alzan etano, gil. Ligona, tenaz la sarde y sal.
6. Sol, racimo de pilares. Ser alípedo: ¡mi Carlos!
7. Rey asesino da la navaja. Ajá, van al adonis: es ayer.
8. Ni acaba rollado. Oda: lloraba Caín.
9. ¿Ser vivaz o berraco? Ver revocar reboza víveres.
10. Sol de conocer, reconocedlos.
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