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lunes, 29 de abril de 2013

Manuel Maples Arce

Poeta mexicano, fundador del estridentismo. Estudió la primaria en Tuxpan y la preparatoria en Jalapa y Veracruz, donce escribió para los diarios El Dictamen y La Opinión. En 1920 se mudó a la capital, donde se obtuvo el título de abogado en la Escuela Libre de Derecho (1925).


Andamios interiores, poemas radiográficos, el primer poemario vanguardista de un mexicano publicado en México el 15 de julio de 1922, forma parte de nuestra biblioteca para reencontrarnos con los inicios de la vanguardia en América Latina, que inauguraron el movimiento estridentista y que en primer instante causó críticas mayormente negativas. Sus metáforas desaforadas y adjetivaciones insólitas se contrapusieron con lo que criticó Jorge Luis Borges argumentando que no es dable "urdir metáforas de una plenaria novedad".  Con tremenda carga futurista por las máquinas que describe, con el movimiento y la electricidad, este libro desborda nuestros sentidos y nos hace volver las páginas a la historia.

Prisma

Soy un punto muerto en medio de la hora,
equidistante al grito náufrago de una estrella.
Un parque de manubrio se engarrota en la sombra,
y la luna sin cuerda
me oprime en las vidrieras.
                                             Margaritas de oro
                                             deshojadas al viento.

La ciudad insurrecta de anuncios luminosos
flota en los almanaques,
y allá de tarde en tarde,
por la calle planchada se desangra un eléctrico.

El insomnio, lo mismo que una enredadera,
se abraza a los andamios sinoples del telégrafo,
y mientras que los ruidos descerrajan las puertas,
la noche ha enflaquecido lamiendo su recuerdo.

El silencio amarillo suena sobre mis ojos.
¡Prismal, diáfana mía, para sentirlo todo!

Yo departí sus manos,
pero en aquella hora
gris de las estaciones,
sus palabras mojadas se me echaron al cuello,
y una locomotora
sedienta de kilómetros la arrancó de mis brazos.


Hoy suenan sus palabras más heladas que nunca.
¡Y la locura de Edison a manos de la lluvia!

El cielo es un obstáculo para el hotel inverso
refractado en las lunas sombrías de los espejos;
los violines se suben como la champaña,
y mientras las ojeras sondean la madrugada,
el invierno huesoso tirita en los percheros.

Mis nervios se derraman.
                             La estrella del recuerdo
naufragada en el agua
del silencio.
                    Tú y yo
                               coincidimos
                               en la noche terrible,
meditación temática

deshojada en jardines.

Locomotoras, gritos,
arsenales, telégrafos.

El amor y la vida
son hoy sindicalistas,

y todo se dilata en círculos concéntricos.


Todo en un plano oblicuo...

En tanto que la tisis —todo en un plano oblicuo—
paseante de automóvil y tedio triangular,
me electrizo en el vértice agudo de mí mismo.
Van cayendo las horas de un modo vertical.

Y simultaneizada bajo la sombra eclíptica
de aquel sombrero unánime,
se ladea una sonrisa,
mientras que la blancura en éxtasis de frasco
se envuelve en una llama d’Orsay de gasolina.

                                           Me debrayo en un claro
                                           de anuncio cinemático.

Y detrás de la lluvia que peinó los jardines
hay un hervor galante de encajes auditivos;
a aquel violín morado le operan la laringe
y una estrella reciente se desangra en suspiros.

Un incendio de aplausos consume las lunetas
de la clínica, y luego —¡oh anónima de siempre!—

desvistiendo sus laxas indolencias modernas,
reincide —flor de lucro— tras los impertinentes.

                                           Pero todo esto es sólo
                                           un efecto cinemático,
porque ahora, siguiendo el entierro de coches,
allá de tarde en tarde estornuda un voltaico
sobre las caras lívidas de los “players” románticos,
y florecen algunos aeroplanos de hidrógeno.

En la esquina, un “umpire” de tráfico, a su modo,
va midiendo los “outs”, y en este amarillismo,
se promulga un sistema luminista de rótulos.

Por la calle verdosa hay brumas de suicidio.


Tras los adioses últimos…

Tardes alcanforadas en vidrieras de enfermo,
tras los adioses últimos de las locomotoras,
y en las palpitaciones cardíacas del pañuelo
hay un desgarramiento de frases espasmódicas.

El ascensor eléctrico y un piano intermitente
complican el sistema de la casa de “apartments”,
y en el grito morado de los últimos trenes
intuyo la distancia.

A espaldas de la ausencia se demuda el telégrafo.
Despachos emotivos desangran mi interior.

Sugerencia, L-10 y recortes de periódicos;
¡oh dolorosa mía,
tú estás lejos de todo,
y estas horas que caen amarillean la vida!


En el fru-fru inalámbrico del vestido automático
que enreda por la casa su pauta seccional,
incido sobre un éxtasis de sol a las vidrieras,
y la ciudad es una ferretería espectral.

                                  Las canciones domésticas
                                  de codos a la calle.

(¡Ella era un desmayo de prestigios supremos
y dolencias católicas de perfumes envueltos
a través de mis dedos!)

Accidente de lágrimas. Locomotoras últimas
renegridas a fuerza de gritamos adiós,
y ella en 3 latitudes, ácida de blancura,
derramada en silencio sobre mi corazón.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Lila Downs - Paloma negra


Lila Downs es una cantante, compositora e intérprete de Oaxaca, México. Reinvindica sus raíces mexicanas interpretando su música en español e inglés y mixteco, zapoteco, maya, purépecha y náhuatl.


Ya me canso de llorar
Y no amanecer
Ya no se si maldecirte
O por ti rezar

Tengo miedo de buscarte
Y de encontrarte
Donde me aseguran tus amigos que te vas

Hay momentos en que quisiera
Mejor rajarte
Pa`rrancarme ya los clavos de mi pena
Pero mis ojos se mueren sin mirar tus ojos

Y mi cariño con la aurora te vuelve a esperar

Ya agarraste por tu cuenta
La parranda

Paloma negra
Paloma negra
Adónde, adónde andarás

Ya no juegues con mi honra
Parrandera
Si tus caricias deben ser mías
De nadie más

Y aunque te ame con locura
Ya no vuelvas

Paloma negra
Eres la reja de un penal
Quiero ser libre, vivir mi vida
Con quien yo quiera
Dios, dame fuerzas que estoy muriendo por irlo a buscar

Ya agarraste por tu cuenta
La parranda

domingo, 14 de octubre de 2012

Javier Acosta

Javier Acosta es Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y profesor de Teoría del Arte y de Hermenéutica en la Universidad Autónoma de Zacatecas. Coordina el taller de Poesía del Instituto Zacatecano de Cultura y codirige la revista de humanidades y literatura Retia. Además del poemario arriba mencionado, es autor de Allen, tómate una tableta de eucalipto (Praxis / Dos Filos, 1994), Melodía de la i (Ayuntamiento de Zacatecas / IZC, 2001), Cuadernillo del viento (Ediciones de Medianoche / UAZ, 2007) y Libro del abandono (Era / INBA / Instituto Cultural de Aguascalientes, 2010), con el que obtuvo el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 2010, además del ensayo Schopenhauer, Nietzsche, Borges y el eterno retorno (Universidad Complutense, 2008). Tomado de http://revistaorigama.com.mx/web/noticias/item/javier-acosta


Segunda lectura:
Salmos del inventor de salmos

7
Me arrojaste al vientre de mi madre,
me dejaste crecer
con la tibia bebida de su pecho.

Me arrojaste a los brazos de mi padre,
me dejaste sentir
su espinada mejilla.

Me enseñaste el amor
en la estricta escuelita de sus piernas.
Ahora me reclamas
el más entero desentendimiento.

Concediste a mi amada,
concediste a mi hijo,
el olvido perpetuo de mi nombre.

Me pediste llamarlos hacia ti
pero infundiste en los hombres mi descrédito.

Me enseñaste el camino
que seguiste hacia mí,
luego me abandonaste
en el oscuro laberinto de mis pies.

Me enseñaste a cantar
y me prohibiste aprender la canción.

Me enseñaste a levantar la mano antes de hablar
y a pronunciar tu nombre
adentro y fuera de tu casa.
Ahora me impones el silencio

y nadie me enseñó a ensuciar
el blanco espacio de tu nombre.
Dulce eres Señor, Dulce eres Señora.

12
Cuando aún me amabas
lloraba a diario
pensando en estos días

abandonada a mi suerte
debo volver a la desdicha
de no estar a tu servicio

me ordenaste no pensar en ti
buscar otros amantes
ahora soy doblemente infeliz
pues te desobedezco

Tercera lectura:
El maestro

VII
El maestro caído en su torbellino:
"Cada día escribo menos palabras.
Cada día más seguido.
Cada vez más
despacio."

(Escrito en un papel muy pequeño, llena de infinitos espacios en blanco.)

Cuarta lectura:
Balada del camino

No tengo miedo de morir;
pero es que me gusta tanto tu vida.

*

No tengo camino,
volveré sobre mis pasos
hasta que me encuentres;
entonces andaremos juntos
mi camino hacia ti.

*

Me pedías que viniera hacia ti. Iba hacia ti y no llegaba. Decías que ir hacia ti era nunca llegar. Desde el principio. Hasta el final.


(De Libro del abandono, Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 2010)

sábado, 14 de julio de 2012

Jaime Sabines



Nació el 25 de marzo de 1926 en Tuxtla Gutiérrez, estado de Chiapas. Hijo de un inmigrante libanés. Cursó estudios de medicina y letras en la Universidad Nacional. Fue Premio Villaurrutia en 1973 y Premio Nacional de Literatura en 1983. Autor de Horal (1950), La señal (1951), Adán y Eva (1952), Tarumba (1956), Yuria (1967), Maltiempo (1972), Algo sobre la muerte del Mayor Sabines (1973) y Uno es el hombre (1990). Su obra está recopilada en Nuevo recuento de poemas (1977). En 1994 es distinguido con la medalla "Belisario Domínguez". Fue diputado federal por el estado de Chiapas de 1976 a 1979 y diputado en el Congreso de la Unión en 1988 por el Distrito Federal. Jaime Sabines falleció el 19 de marzo de 1999. "Su última voluntad fue que enterraran su cuerpo junto al de sus padres, el mayor Sabines y doña Luz, quienes descansan en el Panteón Jardín de la Ciudad de México".




Te quiero porque tienes...

Te quiero porque tienes las partes de la mujer
en el lugar preciso
y estás completa. No te falta ni un pétalo,
ni un olor, ni una sombra.
Colocada en tu alma,
dispuesta a ser rocío en la yerba del mundo,
leche de luna en las oscuras hojas.

Quizás me ves,
tal vez, acaso un día,
en una lámpara apagada,
en un rincón del cuarto donde duermes,
soy una mancha, un punto en la pared, alguna raya
que tus ojos, sin ti, se quedan viendo.
Quizás me reconoces
como una hora antigua
cuando a solas preguntas, te interrogas
con el cuerpo cerrado y sin respuesta.
Soy una cicatriz que ya no existe,
un beso ya lavado por el tiempo,
un amor y otro amor que ya enterraste.
Pero estás en mis manos y me tienes
y en tus manos estoy, brasa, ceniza,
para secar tus lágrimas que lloro.

¿En qué lugar, en dónde, a qué deshoras
me dirás que te amo? Esto es urgente
porque la eternidad se nos acaba.

Recoge mi cabeza. Guarda el brazo
con que amé tu cintura. No me dejes
en medio de tu sangre en esa toalla.

(De Yuria, 1967)



No es que muera de amor, muero de ti

No es que muera de amor, muero de ti

Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.

Muero de ti y de mi, muero de ambos,
de nosotros, de ese,
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.

Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que faltas,
en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.

Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí,
y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros, separados del mundo,
dichosa, penetrada, y cierto , interminable.

Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.

Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos,
en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triángulos obscuros e incesantes.
Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte, amor, muero, morimos.
En el pozo de amor a todas horas,
Inconsolable, a gritos,
dentro de mi, quiero decir, te llamo,
te llaman los que nacen, los que vienen
de atrás, de ti, los que a ti llegan.
Nos morimos, amor, y nada hacemos
sino morirnos más, hora tras hora,
y escribirnos y hablarnos y morirnos.


He aquí que tu estás sola

He aquí que tu estás sola y que yo estoy solo.
Haces cosas diariamente y piensas
y yo pienso y recuerdo y estoy solo.
A la misma hora nos recordamos algo
y nos sufrimos. Como una droga mía y tuya
somos, y una locura celular nos recorre
y una sangre rebelde y sin cansancio.
Se me va a hacer llagas este cuerpo solo,
se me caerá la carne trozo a trozo. Esto es lejía y muerte.
El corrosivo estar, el malestar muriendo es nuestra muerte.
.
Yo no sé dónde estás. Yo ya he olvidado
quién eres, dónde estás, cómo te llamas.
Yo soy sólo una parte, sólo un brazo,
una mitad apenas, sólo un brazo.
Te recuerdo en mi boca y en mis manos.
Con mi lengua y mis ojos y mis manos
te sé, sabes a amor, a dulce amor, a carne,
a siembra, a flor, hueles a amor, y a mí.
En mis labios te sé, te reconozco,
y giras y eres y miras incansable
y toda tu me suenas
dentro del corazón como mi sangre.
Te digo que estoy solo y que me faltas
Nos faltamos, amor, y nos morimos
y nada haremos ya sino morirnos.
Esto lo sé, amor, esto sabemos.
Hoy y mañana, así, y cuando estemos
en estos brazos simples y cansados,
me faltarás, amor, nos faltaremos.

(De Poemas Sueltos, 1951-1961)

lunes, 9 de abril de 2012

Marco Fonz de Tanya


Nació en la Ciudad de México, D.F. (1965). Cursó estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y en la Escuela de Escritores de la SOGEM. Ha impartido talleres de creación literaria en diversas ciudades de México y ha desempeñado labores editoriales y de promoción cultural en medios impresos y radiofónicos. Fue becario del Centro Chiapaneco de Escritores en 1994 y 1995. Residió en Barcelona, España, durante 1998, donde emprendió tareas de difusión y docencia en torno de la poesía. Su obra publicada comprende los volúmenes: Los animales mal llamados hombres (1992), Intermedio absurdo en una función de medianoche (1994), Del hominem amorfo (1994), Cantos siniestros a Chiapas (1994), El ojo lleno de dientes (1994) y Los buscadores de Shavana-Lamar (Premio Estatal de Poesía Rodulfo Figueroa/Biblioteca Popular de Chiapas, 2002).


FELICIDAD Y BRILLO
para Tanya de Fonz
para Siddhartha Fonzy
para Shaya Fonz
por nuestra juventud recuperada

Fui el joven pensante
en las esquinas bicéfalas
de las marquesinas luminosas
aliento de la pregunta
ceniciento asiento del mundo
mueca del anciano
levantado de vez en cuando por su tiempo

Ahí estaba yo bajo
el mismo techo que el asesino
junto al mismo gordo de siempre
que espera en las estaciones de buses
yo era el joven fumado por la luz
triste de no llegar contigo
flor y bastón de cenizapor la espera mi espera
de visionario dador de lunas
cuántas uñas en la tierra
roja de sentimiento
animal de límites
boca fuera de la lengua

Yo el joven con vergüenza
de suponer mío el mundo
azul claro conquistado
por mis imprecaciones
camino de los faros dentro del ataúd
dedo señalando el alivio
ahí era el aullido
ahí la canción del lagarto
y sigue sufriendo contigo
digo digo y desdigo:
LA GRAN SOLEDAD ES NUESTRA

Territorios de inocencia
ombligo del seco
del momia de la bella idiota
que eleva la maldición
después de un —Buenos días
Ahí el joven de nuestros celos
bello durmiente del mundo
sonríe y se eleva leve sobre
su propio sopor sopor duerme
Del sudor al amor hay un palillo
doble barquillo con espejos
viejos los otros
yo libre
dejo mi piel a los olvidos

Ahí la mañana verdadera muerte
respiración del animado
por ánimas de los suicidas
que viajan a través de las cobijas de los pobres

La mejilla izquierda se escurre
agua de los caños en los baños
de los cantantesgotera bajo sus ojos
sombrillas de la noche
el corazón sigue siendo un charco
y el bilé sonroja la punta de los vasos
Somos jóvenes y buenos muertos
espías del sacrificio
con un pie en las afueras del pueblo
y otro en la carne de ella
No sé no sé nunca supe
el por qué de mi sombra en las paredes
el cuál de mi alma entre los dientes
el por qué de los rayos de sol
como bucanero asalta locos
hermosos espumeantes hermanos
de la noche de la mentecardo de las maravillas
en un paseo de cuerdas adoloridas
de tambores quejosos
de espíritus pegados en los zapatos
jóvenes en espera de la muerte
sin más nada que el mejor orificio
en la pared Dolor de las princesas en las puertas
madres del saber sufrido
¿dónde están sus hijos?la gloria del segundo
después la velocidad de los anuncios
y otro tambor revienta su cuerolero de los oídos
risa del cínico dentro de un frascorisa en fila larga
la cara tan seria que se va junto al muro
nadie entonces en la calle
nadie entonces en los autobuses
Noto tu ausencia
los hombres vienen las nubes van
y no soy hijo de ninguno
Los buenos deseos caen
como un verano como un telón
y todos quitan su maquillaje
algo hay bajo la piel que no se entiende
otro espera en la esquina
bebemos de nuestras manos
el calor de no tener

Yo el joven que esperaen la calle donde los huesos
son pálidos sueños que respiran
plumas que levanta el alcohol
y nadie grita
¿por qué nadie grita? Cuelgan de mis emociones
murciélagos de gomales digo
he ganado muchas medallas
pero perdí mi brazo izquierdo y un padre
el cuerpo es el otro tumor
del que hay que desprenderse
Un pan el cantove cómo lo muerdo
ve con que desesperación lo como
la sal me pasan la lágrima por favor
un moco verde es mi otro yo
dejé a mi madre en casa
ya no puede masticar carne
como el poeta mastica marineros
desde esta esquina de juventud
lo vi escupir gaviotas
y otras cursilerías
que aplaudían con fe otros sedientos
hay de mí y de mis palabras de leche
en qué montaña de piel irán ha terminar
Terminar con los dolores propios de la especie
terminar con los ojos turbios de la especie
terminar con la soledad entre las uñas de la especie
terminar sin que se acabe la especie
No ver que los malditos viejos del calor mueran
ni siquiera ver y saborear esa pequeña confitería
Miedo hasta en las compras que tiene el mar
lamo entonces mis manos de tabaco viejo
algo hay de tu sabor
en la yema de mis labios
toco toco tu loca cabeza
hay alguien sentado
en medio de la bilis
amarilla libertad qué pálida estás hoy
alguien está buscando a tus hijos
negros como el cáncer
son los niños nuevos con sus cobijas nuevas
alguien ha tocado a tu puerta
nada qué escuchar
sólo un montón de sombras borrachas
junto a dolorosos obreros
y todos cantando por ellas
He dejado al joven continuar con su país
con su arena y su montaña
existe amor en una carnicería
de cabeza las cabezas de los cerdos
sonríen por dejarte su lugar
Dentro del globo dentro del aire del globo
dentro del niño del globo
ahí vamos otra vez a recordar
los sangrados maternos
nadie otra vez nadie que pueda darte con la pala
nadie quien pueda salvarte de ir muriendo de solo Yo el joven
plenitud de la superficie de la mesa
talco en los aleros de la silla
vágido de los muebles en la casa
nada falta para ir de atrás para adelante
lento lento veo por la esquinados realidades que vienen
con un ramo de flores para mí
Felicidad y Brillo
Yo el joven pensante
Felicidad y Brillo
Felicidad y Brillo

martes, 6 de marzo de 2012

Mario Santiago Papasquiaro

José Alfredo Zendejas Pineda, su verdadero nombre ya que José Alfredo sólo había uno (Jiménez), fue un poeta mexicano y fundador del movimiento infrarrealista (1953-1998). Inspiró al personaje Ulises Lima en la célebre novela Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño.


ABSOLUTO AMOR
Para Carolina
Nos amamos noche & día
A fuego lento & a mordidas
A vulva abierta / humedeciéndonos
Empantanados en rocíos
Chemos del cuerpo & el espíritu
Vientre al hombro / desgajados
A ramalazos innombrables
Contagiándonos de arterias a mollera
De túneles a esferas / Cuacuacuá
Explotando con 1000 rostros
Con ternura de astros de amor-vicio
Muerto el orden en el cáliz de los vientos
                    que asesinan anestesias
Debrayados / minadísimos
Dando & dando mediasvueltas en la tercias del placer

Animales diluviantes
Abrazados a 1 espasmo-crin & espuela
Enervados ígneos gamos
Pandilleros sexcoitales
Astronautas del abismo
1 sola brasa: voz de incendio
Bailoteando en los rodeos
/ Navajazo escaldacueros /
Flor de carne huracanada

Tú bien sabes que nos consta

Horas-lluvias / risas gárgaras
Besos-cisnes / embestidas a las nubes-tiro a muerte
Cuánta vida acrisolada

Labios-dagas
Labios-cumbias
Coralíferos impulsos deslizándose en la Nada

Joyas vivas de la hipnosis
Demenciales cabalgatas
Sin ceder ni 1/2 orgasmo
Sin bajar vencido a tierra
Sólo amando que no es fácil
Empujando cada instante
Desafiando muchedumbres / autos ciegos / basureros
                                             de zoológicos
              Nadjas bestias de la entrega
Mandarriazos de deseo : carne abierta : flor de carne.



SOY&NO


Soy & no el ángel caído
Que de puro estupor ahoga en sotol sus limpias lágrimas
He olvidado hasta el aroma de la liana que me servía
                          de telescopio & de columpio
Sólo en sueños me veo vagando en esa patria toda entraña
Luz de bengala inapagable
Manantial de impulsos que la mierda indigestión
                      de estos toscos días me borra
Vuelo 1 segundo & me despierta la migra garrienta del dolor
/ restregándome en la jeta el desgarrón de mis fronteras /
Resortea ardido mi muñón
Mi aura se espanta de no reflejarse en mis recuerdos
La exaltación termina por resbalarse a 1/2 esquina
Aúllo invocando el chiflido de mi Dios / que se coagula
Sin que pueda pellizcarle decibel chisporroteo alcaloide
                                                 hoyo negro alguno
Soy & no este temblor que vacía en sí mismo su basura
1 interjección de lava arrojada de improviso
Manchado de eternidad
De lluvias / de escozor
De bárbaras fiebres que se tragan de 1 bocado a mi destino
Soy & no la orina congelada de Caín en plena huida
El sobresalto que lo impulsara a castrarse sus células solares
El terror que habría de marcarlo
Como a res en brama que enloquece
& no embiste a su manada.

(De Aullido de Cisne, 1996)

viernes, 16 de diciembre de 2011

Que te vaya bonito - José Alfredo Jimenez

Ranchera mexicana del mejor cantautor de este estilo en todos los tiempos.



Ojalá que te vaya bonito,
ojalá que se acaben tus penas,
que te digan que yo ya no existo,
y conozcas personas más buenas.
Que te den lo que no pude darte
aunque yo te haya dado de todo,
nunca más volveré a molestarte.
Te adoré, te perdí, ya ni modo.

Cuántas cosas quedaron prendidas
hasta dentro del fondo de mi alma,
cuántas luces dejaste encendidas,
yo no sé cómo voy a apagarlas.

Ojalá que mi amor no te duela
y te olvides de mí para siempre,
que se llenen de sangre tus venas
y te vista la vida de suerte.
Yo no sé si tu ausencia me mate
aunque tengo mi pecho de acero,
pero nadie me llame 'cobarde'
sin saber hasta dónde la quiero.

Cuántas cosas quedaron prendidas
hasta dentro del fondo de mi alma,
cuántas luces dejaste encendidas,
yo no sé cómo voy a apagarlas.

Ojalá que te vaya bonito.