Opinión y Data cada día

sábado, 14 de julio de 2012

Marginal de Guayaquil - Kristian Fabre

Kristian Fabre, músico guayaquileño, septiembre de 1978.


Soy el negrito que hace canciones
y en las radios no le dan opciones,
los diarios quieren gente bonita
aunque la verdad se haga mentirita.

Soy el cholo que anda mal vestido,
al que le dicen que es corrompido,
al que no le dan chance a nada
si no muestra la cultura deseada.

(Estribillo)
Soy el chiclero en el malecón,
soy la puta en la calle Colón,
soy el indio en Samborondón,
soy el marginal de Guayaquil,
soy el marginal de Guayaquil,
soy el marginal…

Hay peladas de cuerpo bonito
que de hobbie muestran el ombliguito,
si le dicen un poema hermoso
ellas sólo te viran el rostro.

Me doy cuenta de su puto complejo
que se busca un tipo bien pendejo,
que les pague la comida,
sea fuerte y arregle su vida.

(Estribillo)

Mi Guayaquil se encuentra bien parada
aunque es Miami mal copiada,
si canto en el malecón
me sacan por orden del bigotón.

Guayaquileño, ¿qué chucha te pasa?
Tu ignorancia cotiza la alza,
sólo piensas en farándula,
ni siquiera has leído una fábula.

(Estribillo)

Jaime Sabines



Nació el 25 de marzo de 1926 en Tuxtla Gutiérrez, estado de Chiapas. Hijo de un inmigrante libanés. Cursó estudios de medicina y letras en la Universidad Nacional. Fue Premio Villaurrutia en 1973 y Premio Nacional de Literatura en 1983. Autor de Horal (1950), La señal (1951), Adán y Eva (1952), Tarumba (1956), Yuria (1967), Maltiempo (1972), Algo sobre la muerte del Mayor Sabines (1973) y Uno es el hombre (1990). Su obra está recopilada en Nuevo recuento de poemas (1977). En 1994 es distinguido con la medalla "Belisario Domínguez". Fue diputado federal por el estado de Chiapas de 1976 a 1979 y diputado en el Congreso de la Unión en 1988 por el Distrito Federal. Jaime Sabines falleció el 19 de marzo de 1999. "Su última voluntad fue que enterraran su cuerpo junto al de sus padres, el mayor Sabines y doña Luz, quienes descansan en el Panteón Jardín de la Ciudad de México".




Te quiero porque tienes...

Te quiero porque tienes las partes de la mujer
en el lugar preciso
y estás completa. No te falta ni un pétalo,
ni un olor, ni una sombra.
Colocada en tu alma,
dispuesta a ser rocío en la yerba del mundo,
leche de luna en las oscuras hojas.

Quizás me ves,
tal vez, acaso un día,
en una lámpara apagada,
en un rincón del cuarto donde duermes,
soy una mancha, un punto en la pared, alguna raya
que tus ojos, sin ti, se quedan viendo.
Quizás me reconoces
como una hora antigua
cuando a solas preguntas, te interrogas
con el cuerpo cerrado y sin respuesta.
Soy una cicatriz que ya no existe,
un beso ya lavado por el tiempo,
un amor y otro amor que ya enterraste.
Pero estás en mis manos y me tienes
y en tus manos estoy, brasa, ceniza,
para secar tus lágrimas que lloro.

¿En qué lugar, en dónde, a qué deshoras
me dirás que te amo? Esto es urgente
porque la eternidad se nos acaba.

Recoge mi cabeza. Guarda el brazo
con que amé tu cintura. No me dejes
en medio de tu sangre en esa toalla.

(De Yuria, 1967)



No es que muera de amor, muero de ti

No es que muera de amor, muero de ti

Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.

Muero de ti y de mi, muero de ambos,
de nosotros, de ese,
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.

Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que faltas,
en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.

Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí,
y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros, separados del mundo,
dichosa, penetrada, y cierto , interminable.

Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.

Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos,
en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triángulos obscuros e incesantes.
Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte, amor, muero, morimos.
En el pozo de amor a todas horas,
Inconsolable, a gritos,
dentro de mi, quiero decir, te llamo,
te llaman los que nacen, los que vienen
de atrás, de ti, los que a ti llegan.
Nos morimos, amor, y nada hacemos
sino morirnos más, hora tras hora,
y escribirnos y hablarnos y morirnos.


He aquí que tu estás sola

He aquí que tu estás sola y que yo estoy solo.
Haces cosas diariamente y piensas
y yo pienso y recuerdo y estoy solo.
A la misma hora nos recordamos algo
y nos sufrimos. Como una droga mía y tuya
somos, y una locura celular nos recorre
y una sangre rebelde y sin cansancio.
Se me va a hacer llagas este cuerpo solo,
se me caerá la carne trozo a trozo. Esto es lejía y muerte.
El corrosivo estar, el malestar muriendo es nuestra muerte.
.
Yo no sé dónde estás. Yo ya he olvidado
quién eres, dónde estás, cómo te llamas.
Yo soy sólo una parte, sólo un brazo,
una mitad apenas, sólo un brazo.
Te recuerdo en mi boca y en mis manos.
Con mi lengua y mis ojos y mis manos
te sé, sabes a amor, a dulce amor, a carne,
a siembra, a flor, hueles a amor, y a mí.
En mis labios te sé, te reconozco,
y giras y eres y miras incansable
y toda tu me suenas
dentro del corazón como mi sangre.
Te digo que estoy solo y que me faltas
Nos faltamos, amor, y nos morimos
y nada haremos ya sino morirnos.
Esto lo sé, amor, esto sabemos.
Hoy y mañana, así, y cuando estemos
en estos brazos simples y cansados,
me faltarás, amor, nos faltaremos.

(De Poemas Sueltos, 1951-1961)

jueves, 12 de julio de 2012

María Cristina Salinas Urquiza


Poeta argentina. Secretaria de Cultura de la Asociación Amigos de la Avenida de Mayo.


Yo que vengo…

a Esther de Izaguirre

Yo que vengo de los días de la lluvia
en un enero recortado,
yo que vengo en el transparente ritmo de las lágrimas,
en el constante malestar de las palabras
que me prestaron otros;
yo que en la trenza de un beso ensayado
ignoré la existencia del alfabeto humano,
yo que conozco la charla desteñida de las cosas,
yo que permanezco en la cotidianidad de la tristeza
siento tu sangre habitarse en la mía,
siento tu risa acostarse en mis días,
siento tu luz de tus constelaciones
en mi charco de sombre adormecida.

Regreso

a Aldo Tibaudin

Volverás a este puerto abandonado
con tu barco cargado de tristeza,
volverás a este puerto de verano
con tu ancla de idiomas extranjeros.
Volverás a este puerto, marinero,
en la proa de una beso yo te espero,
como esperan las novias en los puertos
desplegando caricias y desvelos.
Tú, en medio del mar junto al lucero,
divisarás mis manos en el viento
dibujando la forma del regreso.
Y en el agua mi voz se hará silencio;
cuando amarres tu barco, marinero,
ya no estará mi barco en este puerto.

Ubicación

a mi padre

Vivir la esencia de este ser impuesto,
caerse desde un punto sin herirse,
recuperar la sangre que se pierde,
quemar la piel en la bondad del aire.
Llorar el llanto que se va insinuando
al futurar la frase que se olvida,
sentir en metafísica locura
la integración total de la amargura.
Tocar las sombras, masticar el miedo,
subordinar el hesitar del cuerpo,
ennegrecer las manos con el barro.
Ingerir la orfandad de nuestro canto,
vertebrarse en la idea de la duda
perdile a Dios perdón por tantan culpa.

(Poemas y biografía tomados de Más allá del tiempo, 1976)

sábado, 7 de julio de 2012

Andrés Neuman

Andrés Neuman nació en 1977 en Buenos Aires, donde pasó su infancia. Hijo de músicos argentinos emigrados, terminó de crecer en Granada, en cuya universidad fue profesor de literatura hispanoamericana. Como poeta, ha publicado los libros Métodos de la noche (Hiperión, 1998), El jugador de billar (Pre-Textos, 2000), El tobogán (Premio Hiperión, 2002), La canción de antílope (Pre-Textos, 2003) y Mística abajo (Acantilado, 2008), además de los haikús urbanos Gotas negras (Berenice, 2007).



NO SÉ POR QUÉ venero la pornografía
esta mansa costumbre del salvajismo ajeno
cada vez que contemplo el placer en los otros
mi parte fugitiva se complace
de amar a quienes no me ven
de espiar a quienes no me ven
de espiar al que no soy
de fornicar sin mí
veo películas
perversiones caseras
estoy feliz de estar aquí con nadie

*


NO SÉ POR QUÉ los besos se me atrasan
se quedan encerrados en su jaula de hambre
sin alcanzar su hora apetito
dudo que tenga mérito
almorzar con fantasmas
masticar sombra

*

NO SÉ POR QUÉ este árbol distrae a lo mortal
esta vida que aguanta
la afirmación del tronco
cuántas dudas habrá sedimentado
su corteza es más profunda
que un corazón
árbol riégame un poco
tus brazos están llenos de ancianos y de niños

*

NO SÉ POR QUÉ contesto correos electrónicos
con avidez de náufrago como si alimentaran
dedico más tiempo a los desconocidos
que al sexo oral o al sol o a contar chistes
de pronto se me ocurre un epitafio
«escribió que no estaba porque estaba escribiendo»
deberíamos vernos de vez en cuando
festejar cumpleaños subir una montaña
repartirnos la muerte que pesa un poco menos
sobre varias espaldas

(Poemas y biografía tomados de No sé por qué, 2011)

viernes, 22 de junio de 2012

Manuel Arce

Es un escritor español nacido el 13 de febrero de 1928 en Llanes, Asturias (España). Comenzó escribiendo poesía: Llamada (1949), Sombra de un amor (1952) y Biografía de un desconocido (1954). Más tarde abordó la narrativa: Testamento en la montaña (1956), Pintado sobre el vacío (1958), La tentación de vivir (1961), Anzuelos para la lubina (1962), Oficio de muchachos (1963) y El precio de la derrota (1970). Después de treinta años de silencio reapareció con El latido de la memoria, Premio Internacional de novela Emilio Alarcos en 2006.


Lo desconocido (El recuerdo)

A VECES me pregunto cosas
que ya no puedo responderme.

He llegado a casa pronto.
                        Mi casa
es alargada, blanca, alegre.
Hay un perchero en el pasillo.
Es de viejo castaño. Tiene
un sombrero que nadie usa.
Está colgado desde siempre.
Siendo niño, me disfrazaba
con él. Sigue colgado. A veces
me preguntó por qué. Sospecho
con espacioso amor; vidente.
Cuando mi padre se disgustaba,
mi madre, amorosamente,
lo cepilla, estira el fieltro;
arregla su silueta; vuelve
su ala hacia abajo, lo mira,
y semeja hallarse asuente.


A veces me pregunto cosas
que ya no puedo responderme.


El viaje

LLUEVE.
Sobre el andén llueve.
Y llueve también sobre los rostros que se despiden;
sobre los labio que ríen
o que están tristes,
o ausentes.

Llueve sobre los labios que se besan,
y también veo que llueve
sobre aquel hombre que compra una novela,
y sobre otro hombres que dice: volveré pronto.
Y también sobre otro que nada dice
porque está solo,
porque sólo Dios sabe lo que estará pensando.

Llueve sobre un niño que grita.
Sobre una maleta rezagada.
Y sobre el maletero que la recoge.
Y también llueve sobre los vagones mediáticos
         del tren,
sobre el denso humo de la locomotora;
sobre un perro que pasa;
sobre un paraguas que todavía viene;
sobre dos corazones que se apartan.

Llueve,
y brilla la lluvia sobre las luces
y la nube parece hilvanar la noche con el cielo,
la tierra con el cielo,
mientras el andén brilla;
mientras el oído se llena de rumor siseante;
de gritos apagados por la locomotora,
que también brilla,
nerviosa,
siseante,
mientras el tren marcha;
mientras mis lágrimas brillan como si fueran lluvia.

Pero, ¿qué quereis?
Si no soy Dios para hacerme amar cuanto quisiera.

domingo, 10 de junio de 2012

Se rumora


Para Ivonne Cantos y Carlos Alcívar

 
Que el amor de este par enamorado
con sus nobles sonrisas sin muralla,
se siente con la brisa de la playa
se siente con la luna y su recado.

Que el amor se escabulle por las rocas,
como el agua de Dios en el bautismo,
como la dicha en el eterno abismo
de un te amo cotidiano de dos bocas.

Que el amor cae cual reloj de arena
en el suelo de la feliz condena
de dos cuerpos cautivos entre sí.

Que el amor se posó en esta copa...
Todos borrachos es la mejor tropa
cantándole al amor con frenesí.

sábado, 5 de mayo de 2012

Liyanis González Padrón

Nació en Pinar del Río, Cuba en 1971. Reside en Ecuador desde hace más de diez años (2008). Autora del poemario Estaciones de sombra. Ha colaborado con periódicos y revistas literarias de Ecuador y Cuba. Actualmente es profesora del Colegio Americano de Quito.


Piedras y adivinaciones

I
La noche nace en los hijos del vértigo
en la arcilla que ciñe el cemento del cuerpo

II
Los relojes blandos se deterioran
entre las piedras veloces

III
Ceniza en piedra licuada
Piedra en partículas que arde

IV
Adivinación de los círculos
que el limo en las mitades derrama

*

El mar me nombra detrás de la marea
La misma humedad en la otra orilla
El mismo golpe de silencio
en el filo del cuerpo que atrae arenas

Vestigios de borrasca
                  Sombra
                      Arrecife

Alquimia de coral
sobre el bajel de mis naufragios

(Poemas y biografía tomados de Cofre de Alquimias, 2008)

miércoles, 2 de mayo de 2012

ORACIÓN


Este poema estará incluido en mi próximo poemario pero lo comparto con ustedes.


A mis amigos poetas
Cristian Avecillas y Pablo García-Inés

Me zambullo en tus versos, alimaña indomable,
rozo tu vientre oscuro galopando en mis ojos
bajo este cementerio de ángeles disecados.
Cosecho tus profetas, navego con sus cruces
pero no quiero ver espejos incesantes
adormeciendo el mar, enquistados en sienes.

Hay que surcar los cielos, ¡derramar su prudencia!
Tanteo los peldaños que llevan a tu boca,
hoguera sacrosanta, púlpito de ambrosía.
Sacia estas heridas con tu sangre perpetua,
cerremos este pacto en tu valle de lava.

¿Dónde escondes tus dioses? ¿Bajo qué puentes duermen?

Manantial de locura, líbrame del no-estar,
del sonriente feliz, del silencio y su acecho.
Vierte sobre mí sombras colmadas de lamentos,
el latido del viento posándose en mis vellos,
funestos adjetivos, tus hieles manoseadas.

Desplegaré mis puentes a tu orilla secreta,
fecunda mi pensar, lapídame en tu gracia,
beberé de tus poros, eclosiona estas letras.
Déjame penetrar tu afilado portal,
deshojarme de brillos, cubrir tu soledad
con mi manto de abismos, grábame con un tajo
lágrimas y sonrisas sobre mi rostro en blanco.

 Amén.

jueves, 12 de abril de 2012

César Moro

César Moro  nace el 19 de Agosto de 1903 en la ciudad de Lima. Viaja a Francia con la intención de estudiar ballet y presentar sus pinturas en París. Es recibido por su amiga de infancia Alina, esposa del compositor peruano Alfonso de Silva. Durante su estadía en Francia conoce a miembros del movimiento surrealista como Benjamín Péret, Paul Éluard y André Breton. Participa en algunas exposiciones y publica distintos poemas en diferentes revistas surrealistas de la época.


LA VIDA ESCANDALOSA DE CÉSAR MORO

Dispérsame en la lluvia o en la humareda de los torrentes que
          pasan
Al margen de la noche en que nos vemos tras el correr de nubes
Que se muestran a los ojos de los amantes que salen
De sus poderosos castillos de torres de sangre y de hielo
Teñir el hielo rasgar el salto de tardíos regresos

Mi amigo el Rey me acerca a su tumba real y real
Donde Wagner hace la guardia a la puerta con la fidelidad
Del can royendo el hueso de la gloria
Mientras lluvias intermitentes y divinamente funestas
Corroen el peinado de tranvía aéreo de los hipocampos relapsos
Y homicidas transitando la terraza sublime de las apariciones
En el bosque solemne carnívoro y bituminoso
Donde los raros paseantes se embriagan los ojos abiertos
Debajo de grandes catapultas y cabezas elefantinas de carneros
Suspendidos según el gusto de Babilonia o del Transtévere
El río que corona tu aparición terrestre saliendo de madre
Se precipita furioso como un rayo sobre los vestigios del día
Falaz hacinamiento de medallas de esponjas de arcabuces
Un toro de significativa alegría muerde el seno o cúpula
De un templo que emerge en la luz afrentosa del día en medio
de las ramas podridas y leves de la hecatombe forestal

Dispérsame el vuelo de los caballos migratorios
En el aluvión de escorias coronando el volcán longevo del día
En la visión aterradora que persigue al hombre al acercarse la
Hora entre todas pasmosa del mediodía
Cuando las bailarinas hirvientes están a punto de ser decapitadas
Y el hombre palidece en la sospecha pavorosa de la aparición de-
finitiva trayendo entre los dientes el oráculo legible como sigue:

Una navaja sobre un caldero atraviesa un cepillo de cerdas
          de dimensión ultrasensible; a la proximidad del día las cerdas se
          alargan hasta tocar el crepúsculo; cuando la noche se acerca las
          cerdas se transforman en una lechería de apariencia modesta y
          campesina.
Sobre la navaja vuela un halcón devorando un enigma en forma de
          condensación de vapor; a veces es un cesto colmado de ojos de
          animales y de cartas de amor llenas con una sola letra; otras veces
          un perro laborioso devora una cabaña iluminada por dentro. La
          oscuridad envolvente puede interpretarse como una ausencia de
          pensamiento provocada por la proximidad invisible de un estanque
          subterráneo habitado por tortugas de primera magnitud.

El viento se levanta sobre la tumba real
Luis II de Baviera despierta entre los escombros del mundo
Y sale a visitarme trayendo a través del bosque circundante
Un tigre moribundo
Los árboles vuelven a ser semillas y el bosque desaparece
Y se cubre de niebla rastrera
Miríadas de insectos ahora en libertad ensordecen el aire
Al paso de los dos más hermosos tigre del mundo..

De "La tortuga ecuestre" 1936-1939

BATALLA AL BORDE DE UNA CATARATA

Tener entre las manos largamente una sombra
De cara al sol
Tu recuerdo me persiga o me arrastre sin remedio
Sin salida sin freno sin refugio sin habla sin aire
El tiempo se transforma en casa de abandono
En cortes longitudinales de árboles donde tu imagen se disuelve en
                humo
El sabor más amargo que la historia del hombre conozca
El mortecino fulgor y la sombra
El abrir y cerrarse de puertas que conducen al dominio encantado de
                tu nombre
Donde todo perece
Un inmenso campo baldío de hierbas y de pedruscos interpretables
Una mano sobre una cabeza decapitada
Los pies
Tu frente
Tu espalda de diluvio
Tu vientre de aluvión un muslo de centellas
Una piedra que gira otra que se levanta y duerme en pie
Un caballo encantado un arbusto de piedra un lecho de piedra
Una boca de piedra y ese brillo que a veces me rodea
Para explicarme en letra muerta las prolongaciones misteriosas
               de tus manos que vuelven con el aspecto amenazante de un
               cuarto modesto con una cortina roja que se abre ante el infierno
Las sábanas el cielo de la noche
El sol el aire la lluvia el viento
Sólo el viento que trae tu nombre.

De "La tortuga ecuestre"

Palíndromos III


16. Átame más. ¿Irnos al Neuquén? La sonrisa me mata.

17. Abolir, oír, pasar, Eva. Verás a priori, ¡loba!

18. Orar le es apático, cita. ¡Pase el raro!

19. Luz azul.

20. Nace sidosa, cauta. Tú, acaso… ¿disecan?

miércoles, 11 de abril de 2012

Alma mía - Pedro Guerra


Bolero interpretado por Pedro Guerra y compuesto por María Grever, compositora mexicana con alrededor de 860 canciones, muchas de ellas para películas.


Alma mía sola, siempre sola,
sin que nadie comprenda tu sufrimiento,
tu horrible padecer;
fingiendo una existencia siempre llena
de dicha y de placer,
de dicha y de placer...

Si yo encontrara un alma como la mía,
cuántas cosas secretas le contaría,
un alma que al mirarme sin decir nada
me lo dijese todo con su mirada.

Un alma que embriagase con suave aliento,
que al besarme sintiera lo que yo siento,
y a veces me pregunto que pasaría
si yo encontrara un alma como la mía.

Cuántas cosas secretas le contaría,
un alma que al mirarme sin decir nada
me lo dijese todo con su mirada.

Un alma que embriagase con suave aliento,
que al besarme sintiera lo que yo siento,
a veces me pregunto que pasaría
si yo encontrara un alma como la mía.

martes, 10 de abril de 2012

Carlos Edmundo de Ory

Fue un poeta, ensayista, epigramista y traductor español, hijo del poeta modernista Eduardo de Ory, principal representante del postismo. De su obra se destacan títulos como «Técnica y llanto», «La flauta prohibida», «Los sonetos», «Lee sin temor», «Poesía abierta», «Metanoia», «Aerolitos» y «Música de lobo», selección de poemas de 1941 a 2001. Falleció en Amiens en noviembre de 2010.


AMO A UNA MUJER DE LARGA CABELLERA

Amo a una mujer de larga cabellera
como en un lago me hundo en su rostro suave
en su vientre mi frente boga con lentitud
palpo muerdo acaricio volúmenes sedosos
Registro cavidades me esponjo de su zumo
mujer pantano mío araña tenebrosa
laberinto infinito tambor palacio extraño
eres mi hermana única de olvido y abandono
tus pechos y tus nalgas de dobles montes gemelos
me brindan la blancura de paloma gigante
el amor que nos damos es de noche en la noche
en rotundas crudezas la cama nos reúne
se levantan columnas de olor y de respiros

Trituro masco sorbo me despeño
el deseo florece entre tumbas abiertas
tumbas de besos bocas o moluscos
estoy volando enfermo de venenos
reinando en tus membranas errante y enviciado
nada termina nada empieza todo es triunfo
de la ternura custodiada de silencio
El pensamiento ha huido de nosotros
Se juntan nuestras manos como piedras felices
Está la mente quieta como inmóvil palmípedo
las horas se derriten los minutos se agotan
no existe nada más que agonía y placer

Placer tu cara no habla sino que va a caballo
sobre un mundo de nubes en la cueva del ser
Somos mudos no estamos en la vida ridícula
Hemos llegado a ser terribles y divinos
Fabricantes secretos de miel en abundancia
Se oyen los gemidos de la carne incansable
En un instante oí la mitad de mi nombre
saliendo repentino e tus dientes unidos
En la luz puede ver la expresión de tu faz
que parecías otra mujer en aquel éxtasis

La oscuridad me pone furioso no te veo
No encuentro tu cabeza y no sé lo que toco
Cuatro manos se van con sus dueño dormidos
y lejos de ellas vagan también los cuatro pies
Ya no hay dueños no hay más que suspenso y vacío
El barco del placer encalla en alta mar
¿Dónde estás? ¿Dónde estoy? ¿Quién soy? ¿Quién eres?

Para siempre abandono este interrogatorio
Ebrio hechizado loco a las puertas del morbo
grandiosa la pasión espero el turno fálico

De nuevo en una habitación estamos juntos
Desnudos estupendos cómplices de la Muerte.


ODA A UNA EXTRAÑA MUCHACHA

No huyas bajo álamos caricia inmantenida
No asumas en el aire tu incendio engacelado
No olvides o no huyas del imán de mi cuerpo
Hay un país que baja de tu voz somniforme
Hay un brillo de espadas en tus ojos topacios.

No sabes que te quiero mucho
que dentro de mi imberbe corazón te has movido
rápida voz extraña de muchacha rapaz
Líquenes de esperanza navegan por tu manto
Has abierto una ropa con silueta de loto
No sabes que te adoro con inocentes señas.

Responde común luz o escúchame mujer
dentro de mis espejos de belleza y deseo
Te has dormido inaudita sobre mi espalda muda
dulce dulcísima cara de criatura
y de sutiles pasos navegante.

Te quiero pero no huyas
No quites el tiempo de tu rodilla
No te turbes en lecho de infinito relumbre
Habla debes venir a decirme en qué piensas

La mujer se evapora con los labios cerrados
La mujer cuando ama es un vuelo en un sueño
No dejes en mis manos el gamo de tu sombra
Ama como era antaño la fuente de tus penas.

lunes, 9 de abril de 2012

Marco Fonz de Tanya


Nació en la Ciudad de México, D.F. (1965). Cursó estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y en la Escuela de Escritores de la SOGEM. Ha impartido talleres de creación literaria en diversas ciudades de México y ha desempeñado labores editoriales y de promoción cultural en medios impresos y radiofónicos. Fue becario del Centro Chiapaneco de Escritores en 1994 y 1995. Residió en Barcelona, España, durante 1998, donde emprendió tareas de difusión y docencia en torno de la poesía. Su obra publicada comprende los volúmenes: Los animales mal llamados hombres (1992), Intermedio absurdo en una función de medianoche (1994), Del hominem amorfo (1994), Cantos siniestros a Chiapas (1994), El ojo lleno de dientes (1994) y Los buscadores de Shavana-Lamar (Premio Estatal de Poesía Rodulfo Figueroa/Biblioteca Popular de Chiapas, 2002).


FELICIDAD Y BRILLO
para Tanya de Fonz
para Siddhartha Fonzy
para Shaya Fonz
por nuestra juventud recuperada

Fui el joven pensante
en las esquinas bicéfalas
de las marquesinas luminosas
aliento de la pregunta
ceniciento asiento del mundo
mueca del anciano
levantado de vez en cuando por su tiempo

Ahí estaba yo bajo
el mismo techo que el asesino
junto al mismo gordo de siempre
que espera en las estaciones de buses
yo era el joven fumado por la luz
triste de no llegar contigo
flor y bastón de cenizapor la espera mi espera
de visionario dador de lunas
cuántas uñas en la tierra
roja de sentimiento
animal de límites
boca fuera de la lengua

Yo el joven con vergüenza
de suponer mío el mundo
azul claro conquistado
por mis imprecaciones
camino de los faros dentro del ataúd
dedo señalando el alivio
ahí era el aullido
ahí la canción del lagarto
y sigue sufriendo contigo
digo digo y desdigo:
LA GRAN SOLEDAD ES NUESTRA

Territorios de inocencia
ombligo del seco
del momia de la bella idiota
que eleva la maldición
después de un —Buenos días
Ahí el joven de nuestros celos
bello durmiente del mundo
sonríe y se eleva leve sobre
su propio sopor sopor duerme
Del sudor al amor hay un palillo
doble barquillo con espejos
viejos los otros
yo libre
dejo mi piel a los olvidos

Ahí la mañana verdadera muerte
respiración del animado
por ánimas de los suicidas
que viajan a través de las cobijas de los pobres

La mejilla izquierda se escurre
agua de los caños en los baños
de los cantantesgotera bajo sus ojos
sombrillas de la noche
el corazón sigue siendo un charco
y el bilé sonroja la punta de los vasos
Somos jóvenes y buenos muertos
espías del sacrificio
con un pie en las afueras del pueblo
y otro en la carne de ella
No sé no sé nunca supe
el por qué de mi sombra en las paredes
el cuál de mi alma entre los dientes
el por qué de los rayos de sol
como bucanero asalta locos
hermosos espumeantes hermanos
de la noche de la mentecardo de las maravillas
en un paseo de cuerdas adoloridas
de tambores quejosos
de espíritus pegados en los zapatos
jóvenes en espera de la muerte
sin más nada que el mejor orificio
en la pared Dolor de las princesas en las puertas
madres del saber sufrido
¿dónde están sus hijos?la gloria del segundo
después la velocidad de los anuncios
y otro tambor revienta su cuerolero de los oídos
risa del cínico dentro de un frascorisa en fila larga
la cara tan seria que se va junto al muro
nadie entonces en la calle
nadie entonces en los autobuses
Noto tu ausencia
los hombres vienen las nubes van
y no soy hijo de ninguno
Los buenos deseos caen
como un verano como un telón
y todos quitan su maquillaje
algo hay bajo la piel que no se entiende
otro espera en la esquina
bebemos de nuestras manos
el calor de no tener

Yo el joven que esperaen la calle donde los huesos
son pálidos sueños que respiran
plumas que levanta el alcohol
y nadie grita
¿por qué nadie grita? Cuelgan de mis emociones
murciélagos de gomales digo
he ganado muchas medallas
pero perdí mi brazo izquierdo y un padre
el cuerpo es el otro tumor
del que hay que desprenderse
Un pan el cantove cómo lo muerdo
ve con que desesperación lo como
la sal me pasan la lágrima por favor
un moco verde es mi otro yo
dejé a mi madre en casa
ya no puede masticar carne
como el poeta mastica marineros
desde esta esquina de juventud
lo vi escupir gaviotas
y otras cursilerías
que aplaudían con fe otros sedientos
hay de mí y de mis palabras de leche
en qué montaña de piel irán ha terminar
Terminar con los dolores propios de la especie
terminar con los ojos turbios de la especie
terminar con la soledad entre las uñas de la especie
terminar sin que se acabe la especie
No ver que los malditos viejos del calor mueran
ni siquiera ver y saborear esa pequeña confitería
Miedo hasta en las compras que tiene el mar
lamo entonces mis manos de tabaco viejo
algo hay de tu sabor
en la yema de mis labios
toco toco tu loca cabeza
hay alguien sentado
en medio de la bilis
amarilla libertad qué pálida estás hoy
alguien está buscando a tus hijos
negros como el cáncer
son los niños nuevos con sus cobijas nuevas
alguien ha tocado a tu puerta
nada qué escuchar
sólo un montón de sombras borrachas
junto a dolorosos obreros
y todos cantando por ellas
He dejado al joven continuar con su país
con su arena y su montaña
existe amor en una carnicería
de cabeza las cabezas de los cerdos
sonríen por dejarte su lugar
Dentro del globo dentro del aire del globo
dentro del niño del globo
ahí vamos otra vez a recordar
los sangrados maternos
nadie otra vez nadie que pueda darte con la pala
nadie quien pueda salvarte de ir muriendo de solo Yo el joven
plenitud de la superficie de la mesa
talco en los aleros de la silla
vágido de los muebles en la casa
nada falta para ir de atrás para adelante
lento lento veo por la esquinados realidades que vienen
con un ramo de flores para mí
Felicidad y Brillo
Yo el joven pensante
Felicidad y Brillo
Felicidad y Brillo

miércoles, 21 de marzo de 2012

Ledesma Vasquez VS González

Les dejo dos poemas, del guayaquileño David Ledesma y el español Ángel González, donde se entrelazan la transmutación del propio ser en el tiempo, la reencarnación en algo más que lo visible, desembocando en Poesía, en un alma combativa; en la lucha constante contra la vida.




TEORÍA DE LA LLAMA
David Ledesma Vasquez


Ya no soy más
el hijo de mis padres,
sobrino de mis tías,
nieto de mi abuela;
el ciudadano
que portaba la cédula
número 1317284,
que -en pie- cantaba un himno nacional
y que firmó: David Ledesma
sobre cartas
y cheques
y canciones.
He muerto en mí para resucitarme.
Un nuevo ser me viste.
Ya no puedo decir que soy un hombre
ni que vivo en tal parte,
ni que amo,
ni que soy. Ya no soy.
Me transfiguro
en una entera llama de Poesía
que arde,
crepita
y ruge
desde adentro.
Puedo tener un rostro como un viento,
un hueso como un río,
una muerte como una canción.
Mi ser no es esta costra.
No soy yo.
Ni es mi familia.
Ni es mi pueblo. 
Ni es siquiera mi nombre.
Es un espacio luminoso y puro.
Un punto indefinido.
Intangible.
Inasible.
Indescriptible.
Una partícula
de fuerza,
de combate
que me nutre con sus tremendas brasas.
Ahora puedo morir,
puedo vivir también,
sobre mi cuerpo pueden caer piedras,
puede, bajo mis plantas hundirse el suelo:
y no caeré,
ni sufriré dolor.

PARA QUE YO ME LLAME ÁNGEL GONZÁLEZ
Ángel González

Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento...

lunes, 19 de marzo de 2012

De vuelta al agujero

Por Miguel Alavalcivar y Abel Ochoa


Las lunas se sumergen en los charcos
Con su emboscada a fútiles mortales,
Entre sus mantos yacen los puñales
Que surcan el naufragio de los barcos.

Con cortinas que atrapan a los gatos
Como tangas para mesalinas semanales
Los besos perdidos en la calle
Que hacen fila debajo de los autos.

Pliegan sus redes a un amanecer
Gastado, circunloquios de alquiler
Se escabullen de vuelta al agujero.

Como si bastara por las noches con querer
Pegando cromos en el Kafka de los sueños
Diría, una de tantas, que te quiero
Mojando la espalda cuando se me riega el café.

Como tender mis puentes a tu piel
Sin cruzar el umbral de tu ventana,
Traficando limosnas en la aduana
Que refuerzan mi torre de Babel.

Tengo por mascota un ratón en la cocina
Una estufa con frío, una mesa camilla
Las llaves del balcón de Julieta me sirven de navaja en los bares
Como queriendo que pase el insomnio sin pastillas.

Me desplomo en los ecos de tus besos
(Metidos en mis sueños; en mis huesos)
Hilando versos huecos de trovero.

Con mi vino blanco que seca el despecho
Mojando la tiza que trazaba la cama
La crisis existencial de la flor plástica en el ropero
La boca sin sello postal escribiéndote un besograma.

(Extraído de la Revista Cronopio)

martes, 6 de marzo de 2012

Mario Santiago Papasquiaro

José Alfredo Zendejas Pineda, su verdadero nombre ya que José Alfredo sólo había uno (Jiménez), fue un poeta mexicano y fundador del movimiento infrarrealista (1953-1998). Inspiró al personaje Ulises Lima en la célebre novela Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño.


ABSOLUTO AMOR
Para Carolina
Nos amamos noche & día
A fuego lento & a mordidas
A vulva abierta / humedeciéndonos
Empantanados en rocíos
Chemos del cuerpo & el espíritu
Vientre al hombro / desgajados
A ramalazos innombrables
Contagiándonos de arterias a mollera
De túneles a esferas / Cuacuacuá
Explotando con 1000 rostros
Con ternura de astros de amor-vicio
Muerto el orden en el cáliz de los vientos
                    que asesinan anestesias
Debrayados / minadísimos
Dando & dando mediasvueltas en la tercias del placer

Animales diluviantes
Abrazados a 1 espasmo-crin & espuela
Enervados ígneos gamos
Pandilleros sexcoitales
Astronautas del abismo
1 sola brasa: voz de incendio
Bailoteando en los rodeos
/ Navajazo escaldacueros /
Flor de carne huracanada

Tú bien sabes que nos consta

Horas-lluvias / risas gárgaras
Besos-cisnes / embestidas a las nubes-tiro a muerte
Cuánta vida acrisolada

Labios-dagas
Labios-cumbias
Coralíferos impulsos deslizándose en la Nada

Joyas vivas de la hipnosis
Demenciales cabalgatas
Sin ceder ni 1/2 orgasmo
Sin bajar vencido a tierra
Sólo amando que no es fácil
Empujando cada instante
Desafiando muchedumbres / autos ciegos / basureros
                                             de zoológicos
              Nadjas bestias de la entrega
Mandarriazos de deseo : carne abierta : flor de carne.



SOY&NO


Soy & no el ángel caído
Que de puro estupor ahoga en sotol sus limpias lágrimas
He olvidado hasta el aroma de la liana que me servía
                          de telescopio & de columpio
Sólo en sueños me veo vagando en esa patria toda entraña
Luz de bengala inapagable
Manantial de impulsos que la mierda indigestión
                      de estos toscos días me borra
Vuelo 1 segundo & me despierta la migra garrienta del dolor
/ restregándome en la jeta el desgarrón de mis fronteras /
Resortea ardido mi muñón
Mi aura se espanta de no reflejarse en mis recuerdos
La exaltación termina por resbalarse a 1/2 esquina
Aúllo invocando el chiflido de mi Dios / que se coagula
Sin que pueda pellizcarle decibel chisporroteo alcaloide
                                                 hoyo negro alguno
Soy & no este temblor que vacía en sí mismo su basura
1 interjección de lava arrojada de improviso
Manchado de eternidad
De lluvias / de escozor
De bárbaras fiebres que se tragan de 1 bocado a mi destino
Soy & no la orina congelada de Caín en plena huida
El sobresalto que lo impulsara a castrarse sus células solares
El terror que habría de marcarlo
Como a res en brama que enloquece
& no embiste a su manada.

(De Aullido de Cisne, 1996)

sábado, 25 de febrero de 2012

Parra VS Girondo

Los autores en sendos poemas se basan en un adjetivo para englobar todo el texto y adjetivizan cada parte de esa realidad.


EL HOMBRE IMAGINARIO
Nicanor Parra
(De Hojas de Parra, 1985)

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario.


RESPONSO EN BLANCO VIVO
Oliverio Girondo
(De Persuasión de los días, 1942)

BLANCA de blanca asfixia
y exangüe blanca vida,
a quien el blanco helado
nevó la blanca mano
de blanca aparecida,
mientras el blanco espanto
blanqueaba su mejilla
de blanca ausencia herida,
al ceñir su blancura
de intacta blanca luna
y blanca despedida.

Carlos Oquendo de Amat

Carlos Augusto Luis Humberto Nicolás Oquendo Amat fue un poeta y uno de los máximos exponentes del vanguardismo poético peruano (1905-1936). Publicó un único libro "5 metros de poemas", una tira larga donde se dividen para cada página, en forma de acordeón. Su obra es claramente influenciada por el creacionismo y el ultraísmo, y utiliza el caligrama como recurso para ilustrar visualmente las imágenes poéticas. Murió en Guadarrama, España, a la edad de 30 años por una tuberculosis, luego de recorrer diversos países de América Latina por sus ideales políticos.


POEMA

Para tí
tengo impresa una sonrisa en papel japón

Mírame
que hacer crecer la yerba de los prados

Mujer
mapa de música    claro de frío    fiesta de fruta

        En tu ventana

cuelgan enredaderas de los volantes de los automóviles
y los expendedores disminuyen el precio de las mercancías

  d é j a m e   q u e  b e s e   t u  voz

                      Tu voz
QUE CANTA EN TODAS LAS RAMAS DE LA MAÑANA

CAMPO

          El paisaje salía de tu voz
y las nubes dormían en la yema de tus dedos

                                          De tus ojos cintas de alegría
                                                             la mañana

                     Tus vestidos
encendieron las hojas de los árboles

                                                      En el tren lejano iba sentada
                                                                   la nostalgia


         Y el campo volteaba la cara de la ciudad


viernes, 10 de febrero de 2012

Oliverio Girondo

Oliverio Girondo (18911967) fue un destacado poeta argentino, de familia adinerada que le prometió que si estudiaba Derecho en la universidad, cada año viajaría a Europa. Se casó con la hermana de Jorge Luis Borges, Norah. Participó en numerosas revistas que hacían referencia al ultraísmo, predecesor con el creacionismo en España del surrealismo.


TÁNGER
A D. Alfonso Maseras
La hélice deja de latir;
así las casas no se vuelan,
como una bandada de gaviotas.

Erizadas de manos y de brazos
que emergen de unas mangas enormes,
las barcas de los nativos nos abordan
para que, en alaridos de gorila,
ellos irrumpan en cubierta
y emprendan con fardos y valijas
un partido de “rugby”.

Sobre el muelle de desembarco,
que, desde lejos,
es un parral rebosante de uvas negras,
los hombres, al hablar,
hacen los mismos gestos
que si tocaran un “jazz-band”,
y cuando quedan en silencio
provocan la tentación
de echarles una moneda en la tetilla
y hundirles de una trompada el esternón.

Calles que suben,
titubean,
se adelgazan
para poder pasar,
se agachan bajo las casas,
se detienen a tomar sol,
se dan de narices
contra los clavos de las puertas
que les cierran el paso.

¡Calles que muerden los pies
a cuantos no los tienen achatados
por las travesías del desierto!

A caballo en los lomos de sus mamas,
los chicos les taconean la verija
para que no se dejen alcanzar
por los burros que pasan
con las ancas ensangrentadas
de palos y de erres.

Cada ochocientos metros
de mal olor
nos hace “flotar”
de un “upper-cut”.

Fantasmas en zapatillas,
que nos miran con sus ojos desnudos,
las mujeres
entran en zaguanes tan frescos y azulados
que los hubiera firmado Fray Angélico,
se detienen ante las tiendas,
donde los mercaderes,
como en un relicario,
ensayan posturas budescas
entre las nubes tormentosas
de sus pipas de “kiff”.

Con dos ombligos en los ojos
y una telaraña en los sobacos,
los pordioseros petrifican
una mueca de momia;
ululan lamentaciones
con sus labios de perro,
o una quejumbre de “cante hondo”;
inciensan de tragedia las calles
al reproducir sobre los muros
votivas actitudes de estela.

En el pequeño zoco,
las diligencias automóviles,
¡guardabarros con olor a desierto!,
ábrense paso entre una multitud
que negocia en todas las lenguas de Babel,
arroja y abaraja los vocablos
como si fueran clavas,
se los arranca de la boca
como si se extrajera los molares.

Impermeables a cuanto las rodea,
las inglesas pasean en los burros,
sin tan siquiera emocionarse
ante el gesto con que los vendedores
abren sus dos alas de alfombras:
gesto de mariposa enferma
que no puede volar.

Chaquets de cucaracha,
sonrisas bíblicas,
dedos de ave de rapiña,
los judíos realizan la paradoja de vender
el dinero con que los otros compran;
y cargados de leña y de jorobas
los dromedarios arriban
con una escupida de desprecio
hacia esa humanidad que gesticula
hasta con las orejas,
vende hasta las uñas de los pies.

¡Barrio de panaderos
que estudian para diablo!
¡Barrio de zapateros
que al rematar cada puntada
levantan los brazos
en un simulacro de naufragio!
¡Barrio de peluqueros
que mondan las cabezas como papas
y extraen a cada cliente
un vasito de “sherry-brandy” del cogote!

Desde lo alto de los alminares
los almuédanos,
al ver caer el Sol,
instan a lavarse los pies
a los fieles, que acuden
con las cabezas vendadas
cual si los hubieran trepanado.

Y de noche,
cuando la vida de la ciudad
trepa las escaleras de gallinero
de los café-conciertos,
el ritmo entrecortado
de las flautas y del tambor
hieratiza las posturas egipcias
con que los hombres recuéstanse en los muros,
donde penden alfanjes de zarzuela
y el Kaiser abraza en las litografías al Sultán...

En tanto que, al resplandor lunar,
las palmeras que emergen de los techos
semejan arañas fabulosas
colgadas del cielo raso de la noche.

(De Calcomanías, 1925)