Opinión y Data cada día

jueves, 21 de febrero de 2013

La feliz desesperanza - André Comte-Sponville

Si bien éste no es un libro de poesía, creo que tiene mucho que ver con mi libro "El abismo de los justos" y lo comparto a ustedes. Son fragmentos de la pequeña entrevista que sostiene el filósofo francés con Edmon Blattchen, hablando sobre la desesperanza como método eficaz para llegar a la felicidad.



La elección del materialismo consiste precisamente en afirmar: "La vida hace lo que puede!", en lugar de decir: "Si la vida no responde a mis esperanzas es la vida la que se equivoca". La vida hay que tomarla o dejarla. Porque no hay otra cosa.
Lo real hay que tomarlo o dejarlo. Son mis esperanzas las que, desde el inicio, son infundidas. Dejemos de imaginar la vida, dejemos de esperar vivir...y ¡vivamos! La línea de Demócrito, como en efecto decía Lenin para caracterizar el materialismo, es inicialmente ese movimiento que consiste en elegir el mundo real, éste, este mundo material (de ahí la palabra materialismo), en pensar que no hay más vida que éste, corpórea, material; que no hay nada que esperar de la muerte; que no hay una última esperanza. Pero que en este espacio de aquí, en este mundo, en esta vida, podemos alcanzar el placer, que es nuestra experiencia cotidiana; podemos alcanzar la alegría; podemos alcanzar la felicidad.

*


Nos pasamos la vida esperando. Cuánta gente se dice por la mañana: "¡Que llegue pronto la hora de acostarnos". Y durante todo el año: "Que lleguen pronto las vacaciones"; y durante toda su vida: "Que llegue pronto la jubilación!". Y cuando ya se han jubilado y son ancianos: "Ay, quién fuera joven!". Lo esencial de su vida ha transcurrido esperando otra cosa; y la última parte de su vida consiste en lamentarse de lo que no han vivido... "Nunca vivimos: esperamos vivir." Pascal pronuncia la cruel verdad de lo esencial de la vida.

De ahí, una vez más, esa elección que he hecho de la desesperanza, lo que yo llamo "la feliz desesperanza". Se trata de esperar vivir, tomando de nuevo la expresión de Pascal, y vivir efectivamente. Se trata de preferir la vida tal cual es, con sus dificultades, a veces con su partida de horrores, pero también con los placeres, con sus alegrías, con sus amores, se trata de aceptar y de amar la vida tal cual es en lugar de esperar otra: sea otra vida después de la muerte, sea otra vida en este mundo.

*


Montaigne nos enseña a habitar la perspectiva de la muerte, a habitar la finitud de la vida. Pero ¡no para encerrarnos en la angusta! ¡Al contrario! Para aprovechar la vida tal cual es. Sencillamente, Montaigne dice poco más o menos: "Mientras no aceptes la idea de tu propia muerte, no puedes aceptar la vida tal cual es. Si amas la vida, o si dices amar la vida, y no aceptas la muerte, no amas la vida tal cual es, porque la vida incluye la muerte.


*


Digo a menudo: "Sólo necesitamos la moral por falta de amor". El amor bastaría" "Ama y haz lo que quieras", decía San Agustín. Sí, pero el amor, la mayoría de las veces, no consiste en esto; por eso necesitamos una moral: porque amamos demasiado poco y demasiado mal. No se trata pues de inventar valores nuevos, no se trata de inventar nuevos dioses, se trata de inventar una nueva fidelidad, una fidelidad a los valores, no a los de siempre, sino a los valores históricos que son los nuestros y que nos han convertido en lo que somos, a los valores que hemos recibido y que tenemos la obligación de transmitir. ¡El siglo XXI será fiel o no será!



(De La feliz desesperanza, 2008)

miércoles, 20 de febrero de 2013

Carolina Patiño

Fue una escritora ecuatoriana, nacida en 1987. Tuvo una breve pero bien aprovechada trayectoria literaria. Su obra se caracteriza por tener una poesía con mucha fuerza, en la que no faltan los pasajes eróticos y las alusiones desgarradoras. Además sus textos aparecen en varias antologías ecuatorianas y extranjeras.

Uni Corno

A Roy Singuenza
Ayúdame a existir sin tu galope
relínchame el hueso inmemorial,
deja tus cascos y ponte tu pijama
que juntos atravesaremos la colcha
y su galería escarlata.
su cuerpo encontrará su pálpito erótico
y gota a gota la lengua insomne enterrará
en mis pechos el sueño más profundo.

(De Té suicida, 2008)

Fragmentos de felicidad

A mis abuelos
Cuerpos idénticos tienen miedo de perecer
caminan con la vejez encima de puntillas
y sin apuros
van de la mano con sus pieles desgastadas
y la lealtad intacta
sus ojos opacos rompen los frascos
y redescubren en el filo del mundo
los fragmentos de la felicidad
que bañan sus dedos.

Locura

Tu naturaleza perfecta
no pudo engañarme esta vez
estoy armada con mis manos tristes
gritaría al verme en este Manicomio
podrida en mí,
sin salida, sin ti.

Vidrios Rotos

Cada vez que te beso
siento vidrios rotos
y sé que no estoy durmiendo
esto no es lo peor
tú desapareces
y tus labios aparecen más abiertos
comiéndome desde los pies

(De Atrapada en las costillas de Adán, 2006)

Ver para creer


Se escucha un sonido opaco en el fondo del tarro del mendigo que yace desparramado en la acera como si fuera un monigote, con los ojos pintarrajeados de blanco. Los automóviles pasan vertiginosamente sin detenerse, así que no puede ser un mortal que pretende comprar su estadía en la eternidad por una moneda. Tampoco podría ser un peatón que cruzaba por ahí, ya que los párpados ciegos no habían registrado cambios de luz repentinos. El mendigo introduce su mano y siente otro proyectil en su cabeza; la boca se convierte en un contorsionista de circo ruso, que se convierte en un hombre bala expulsado por el cañón, dibujando en el aire un «¡Puta madre, otra vez se me cagó el cielo!» La bandada de palomas emprende la huida sobre el mendigo que limpia la escena del crimen con una franela.

Son las once de la noche y una camioneta se detiene ante el mendigo agrupando las monedas por su tamaño. Un palito en forma de bastón lo guía hasta la parte posterior, se trepa en el balde y al llegar a su casa, el conductor saca cinco dólares del tarro y le dice: «Mira, José FelizAno, dos para la gasofa.» Desde el interior de la casa se escuchan sollozos de mujer, los perros emanan ladridos que se evaporan con el calor, y el lodo penetra los zapatos del desdichado mientras ingresa por la puerta de retablos. Hay santos amotinados en una especie de altar fabricado caseramente, la mujer emite un saludo desde el piso: «Mi amor, estoy rezándole a San Eduardo, que dicen que cura a la gente ciega.» El hombre sonríe diciendo: «Mija, a mí el cielo se me vive cagando encima, pero veamos qué pasa», y tantea las paredes hasta llegar a su rostro, besa torpemente su oreja pretendiendo besar su frente. «Léeme los números de la lotería, a ver qué nos ganamos», comenta. «Cómo vas a ver, pendejo —acota la esposa—, si nunca rezas…», agarra al santo del pescuezo y se retiran a la habitación.

El sol de la mañana se abalanza hasta la ventana, sobre el mosquitero cuelgan mosquitos sedimentados, el sudor de la mujer la ha pegado a la sábana del catre, toca su proximidad buscando al marido que no está ahí. «Mi amor —dice al ciego la mujer que ha salido hasta el umbral de la puerta—, deja ese bastón que hoy es domingo», él se parte en un llanto que podría llenar algunos charcos, o tanques, ¡o cisternas con sus lágrimas! «¡Carajo, puedo ver!», grita con todas sus tripas. La esposa se desploma en sus hombros y le dice «¡Gracias a San Eduardo, esto es un milagro!» La respuesta relampaguea al instante: «¿¡Qué milagro va a ser si ya no tengo trabajo!?»

El grillo


Les comparto un cuento que está incluido en el próximo libro que estoy escribiendo.


Un grillo se ha metido en mi wáter y nada en círculos. No pierde la fe en ningún momento y sigue pataleando, nadando, arrastrándose por las aguas cristalinas, intentando escapar de esa pocilga mojada, con los deshechos del mundo, de un mundo deshecho. Me aguanto las ganas de orinar al ver la esperanza viva en su acto más puro, reencarnado en un animal que escala las paredes pero cae de nuevo, intenta, sigue intentando. Yo tengo ganas de mear, pero él tiene ganas de vivir, quién soy yo para decidir en este momento que ahora lo veo como un acontecimiento digno análisis. Se escuchan los chirridos de los otros grillos de la casa, seguramente brindándole su aliento de grillo a grillo, o llamando a la esposa del pobre infeliz caído para someterla en su trinchera.

Mi vejiga se asemeja a una vejiga de carnaval a punto de estallar y ya he abierto la jaula. No quiero apuntarle a la cabeza pero no me aguanto más. El grillo me mira de reojo sabiendo lo que le espera, pero se aferra a la vida y a las mil piscinas olímpicas que lleva nadando. Parece que me dijera: “No me mate, señor, se lo ruego. Mi esposa está sola y un grillo se aproxima a ella.” Se me escapa una lágrima, es lo único que se me ha escapado ahora y le digo pero sin abrir la boca: “Ten paciencia grillo, en la utopía está la vida.”

Yo también combato con la esperanza, a veces siento que me muero, que las ganas que tengo duran lo que dura un perro en misa, que los pocos problemas me asfixian como una corbata asesina, y veo nuevamente al grillo, nadando, sacudiendo sus patitas a la velocidad de un rayo para aproximarse al mismo lugar donde empezó, una y otra vez. Me surge una interrogante -medio cojuda aparentemente: ¿Cómo un grillo puede tener más esperanzas que yo? ¿Será acaso ésta un prueba divina para enseñarme a no perder la fe nunca?

Ahora sólo disparo a un costado de su cuerpo, trato de no lastimarlo, de dejar intacta su vivacidad ortóptera. Sólo descargo mi ráfaga que se anida en mis entrañas, que me atormenta, como mi desesperanza. El animal se deja llevar por las espirales de orina y agua que lo circundan. Nada parece atormentarle. Se hace uno sólo con mi chorro que yace en las aguas, con restos de heces fecales impregnadas en las paredes cóncavas.

No voy a jalar la válvula. Sería como jugar a ser Dios, ahogar al único granito de esperanza en un sólo jalón, o sacarle el corcho a los mares en tiempos de Noé y matar a toda la humanidad entera. Terminar con la vida de este grillo no sería como matar a cualquier insecto. Nunca ha visto una mosca que me viera a los ojos, más aún con los miles que cargan. Nunca he visto una libélula con tanta luz. Ningún escarabajo se ha aferrado tanto a la mierda como este grillo a la esperanza de salir de este precipicio húmedo, de salir de los cimientos de la mierda a montículos gigantescos de la mierda en su máximo esplendor; deambulando por las avenidas, por los centros comerciales, por los juzgados y galerías de artículos varios. ¿No será de esto que se trata la esperanza: de nadar en círculos hasta que llegue el fin?

Bajo la tapa del wáter para sentarme un rato, para expulsar el líquido que no derramé donde el grillo jugaba a ser Houdini: lágrimas de negación. Es cierto e irrefutable, un animal inferior a mí tiene más esperanzas bajo esas alas, que ahora nada hacia la nada, dejando su estela de esperanza en las aguas amarillentas. No lo rescato porque la finalidad del alma es perecer. Pienso que si meto mis manos para salvar al grillo sería como alterar el orden natural de la vida, descomponer la historia. Pero no me importa, la desesperanza dará más esperanzas a la esperanza reencarnada en seis patas, así me remoje en mi residual hilacha rota.

He subido la tapa y el grillo no es más que un cadáver flotando en el sol diluido. Por primera vez percibo mi reflejo en el fondo del wáter y no siento más deseo que envestirme de Dios; jalo la válvula para sumergir a la esperanza. Suena un chirrido fúnebre…

viernes, 1 de febrero de 2013

Sobrepeso - Rabia seca


La banda cuencana, nacida en 1993, fusiona rock duro con blues, funk y ritmos latinos. Les comparto esta canción, con alto contenido social y político, imágenes impactantes.


Se despiertan los tiranos
cae un bando de dolor
la guerrilla sigue viva
se abre el cielo para mí.

Y el dolor de esta mierda aun está en pie
se oye rabia seca otra vez.
Contra de la tierra, del misterio, de la guerra de estos tiempos
cae lluvia ácida en tu piel.

Y se pudren los mendigos
y los niños se hacen luz
este mundo contra la pared
un revolver en tu sien.

Y los gobiernos te dominan y te contaminan, por dentro y por fuera
quieren manipular tus ansias, llenas, llenas, repletas.

jueves, 31 de enero de 2013

David Sánchez


David Sánchez Santillán (Quito, 1981). Abo gado y Doctor en Jurisprudencia, Licenciado en Ciencias Políticas y Sociales. 2007. Magíster en Derecho Ambiental, primera promoción UNAP 2011. Fue miembro del Taller “Nueva Generación” de la ciudad de Quito, en 1996. Premio obtenido y participaciones poéticas: Jornadas Poé ticas. “Arte, música y sapiencia”. Primer Premio. Colegio Jesuita San Gabriel, 1998. Quito. Premio Nacional .-Con curso Nacional de Poesía “Gonzalo Escudero” Primer Pre mio. Sociedad ecuatoriana de escritores .S.E.D.E. Desde 1994 participaciones exitosas en Jornadas Poéticas Juveni les del Ecuador, en las ciudades de Quito e Ibarra. Participe en la Antología virtual Cultura de Veracruz, Revista de Literatura Contemporánea 2010 México, en el espacio Novísima Poesía Ecuatoriana.  Presentaciones en cafés literarios de las ciudades de Quito, y Recitales en colegios secundarios de la misma ciudad. En la Actualidad vísperas a la publicación de su nuevo libro de poesía 2011. OBRAS.- El Origen de los Rostros – Poemario 2010. (http://www.jornaldepoesia.jor.br/BHBHdavidsanchezsantillan01.htm)

Comparto algunos poemas del poeta, que en su libro El nublo de la escardonia plasma su fe desgastada en el mundo con misticismo, sentido del humor, metáforas innovadoras y juego de palabras. Es un libro que sale de lo cotidiano y refresca el ambiente poético.



II
Conviérteme en mi desnudez…
seré el Druida, elucubraste en tu flora

Encájalo en un solo ser

Se la barcaza en donde rebosen
mis hojas
Donde se viera mi Corteza…

No resquebrajes mis sentidos.

Toma mis frutos
Entrelázalos entre tus ramas…el Viento

No te conviertas en Silencio.

VIII
No eres tú la del espejo
Alguien detrás de ti se mira.
Dile que se retire
Que no moleste.

Los espejos son falsos
distorsionan
lanzan a la cara mentiras.

Esa no eres tú
esos no son tus ojos
ni esa tu sonrisa.

¿De dónde habrán salido
esos monstruos?

No creas tampoco en las gradas que has subido
ellas también engañan.

Créele a la tinta
créeme: no eres tú la del espejo
otra es quien se mira.
la tinta lo jura
¡créele a la tinta!

XXVI
La salud me obliga a ser espada
tajo,
brillo,
el nacer de una estocada.

Desata mis hombros
al paso de tu trote desbocado.

Giro como los trompos
en la cuerda venal de mis nublos.

No busca a quién culpar
no me defiendo.

Me río en los discursos
o me duermo.

En los días de difuntos
felicito a los difuntos.

Y en todos los años nuevos
doy mi sentido pésame.

Nací en la tierra un buen día
y siempre espero que otro buen día
desaparezca la tierra.

¡Y me voy por la calle perseguido
por el canto de los pájaros
y el furor de la gente!

XXIX
El papel es un pájaro
-la mejor expresión al definirlo-

¡Escucha el batir de sus alas!
Picotea hasta que sangra sangre,

XXXVI
¿Por qué me odias camarada 
de palabras?

naciste para escribir
para nacer escribo yo

aprendiste a leer con Dostoiesvsky
entre cuatro paredes aprendí yo

todo se lo debo a los ríos
a los páramos
y a los tajos que mi hice
con los árboles

tuyos son los caminos,
las condecoraciones

Mío el cero de la luna
y uno que otro fantoche que me aplaude
No sé por qué me aborreces
Marcadas son tus marejadas… de palabras.

(De El nublo de la escardonia, 2012)

miércoles, 30 de enero de 2013

Alexis Cuzme


Alexis Cuzme nos lleva a los destinos poéticos más oscuros; donde la muerte, el dolor, las mutilaciones, la sangre, son una constante en su obra, todas las transformaciones de la carne. Les presento algunos poemas que constan en su libro, que recopila varios libros anteriores, llamado "Trilogía de la carne".
Nacido en Manta, Ecuador, en 1980. Licenciado en ciencias de la comunicación, periodista cultural y cronista de cine. Editor de la revista rockera Marfuz. Ha publicado los poemarios Desconsuelo (2001), Complot ante el silencio (2003), Club de los premuertos (2006) y Bloody city (2009). Consta en varias antologías locales y del extranjero. Publicado recientemente en Cajita de música, poetas de España y América del siglo XXI (AEP, Madrid, España). En el campo rockero ha publicado el cuadernillo Legión: década pagana (2006). Actualmente se desenvuelve como asistente de edición en la Editorial Mar Abierto de la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí. (http://letras.s5.com/ar070611.html)



Hedor
(diluirse en el presente)
IV

La noche engulle voces,
monigotes de carne,
payasos sin reconocimiento de profesión
carcajadas invertidas sin su donación enclenque.

Al principio fui uno de ellos,
arrastré lágrimas con lodo,
mocos con trozos de ceniza;
al principio el horror
los gallinazos
los cerdos
la vida a última hora
fueron pretexto para cavilar sin fin.

Sopor
(montículos de mi prisión)
II

Desprendido de los despojos
soy el mismo cuerpo anónimo
el parásito descuajado de su raíz
tras el grial asfixiante y plástico.

Algún día gritaré mi nombre original,
estallaré bajo los faroles con insectos,
bajo el telón remendado de una dicha pasajera.

Mientras en mi desnudes reconozco los poros,
los vellos, los trozos de piel,
que no le pertenecen a esta tierra.

Asfixia
(la esperanza del supermercado)
IX

Soy el cuerpo inagotable,
la ilusión macabra que nadie busca,
el depravado corazón que implora latidos.

Nadie cree que juré succionar los jugos de las sondas visitantes,
saborear las partes gangrenosas obsequiadas,
ser la sombra fiel de cada metro sucio y repugnante alrededor.

Me traicioné
y el gusano bajo los metros de historia
de este edén invertido
halló un espacio en mi ficción.

Persiste en la idea del supermercado
ardiente por su asfalto hipócrita
reluciente tras sus manchas humanas
veloz en cada sirena violentada.

Soy la posesión inaudita,
el error sin solución que espera borrar tesoros
de un nuevo desembarque.

Despojos
(calcinación de libertad)
II

Sus rostros cayeron gota a gota
mancharon la tierra, las huellas plantadas con furia,
cada recoveco inútil y utilizable,
cada transtorno inimaginable,
porque de lo irreal lograron un voraz ingenio.

Sus rostros cayeron gota a gota
ardientes, en un baile piroplástico,
los otros cerraron sus bocas y bajaron sus párpados,
pero la hecatombe los alcanzó,
se introduce en la fantasmal alegoría
y los poseyó,
desde entonces cada esquina
vocifera nombre sin edad.

El baile macabro sincronizó los pellejos para sí,
fogata de tatuajes,
fogata de fetos,
fogata de sangre evaporada.

En cada gota un grillo rajó la decendencia.

(De Legado de carne)

Quimera

Sembré bolichas  y sucres
inyectado de magia
en mi niñez.

Hoy mi hijo
ha puesto el último
montoncito de tierra
sobre el gato despedazado.

Quisiera desencantarlo
como no lo hicieron conmigo,
pero solo atino a decirle
que después de varios años
en este mismo lugar
se erguirá un árbol con gatos
que maullarán cada mañana
y que no, no tendrán sangre
manchándole los hocicos
ni el pelaje de rayas.

(De Blody City, 2009)

Tu cuerpo es la barrera

Deambulan mis huesos
perdidamente en estos callejones.
Sabes mujer, tus entrañas no pueden esperar,
tus besos sabor a glande,
a gemidos desentonados
dentro de estas paredes.

Pero desde este rincón ignoras
la desesperación visceral
que finge ser mi sombra.

Gary ha muerto,
y Nicole deambula en busca de la muerte.

Está bien que un corazón explote
frente al batallón desconocido
-la condena a muerte es otra forma más sencilla
y legal de la venganza-,
que una voz calle
y que viejas y nuevas cartas testimonien
frases incomprendidas a inamantes.

Mujer, no te amo.

(De Club de los premuertos, 2006)

Post mortem

Y mi carne
¿por qué no forra
el espectáculo de mis restos?

Mi osamenta,
mi tiza aún compacta,
¿por qué ante manos insaciables?
¿por qué ante rostros eruditos se desgasta?

Rey
durante la estadía en mi oscuro templo.
Y ahora bufón,
distracción desnuda,
croquis indefenso.

Y mis súbditos rastreros
¿a dónde han ido?
¿por qué extraños me exhiben
en el circo de la ciencia?

Flaco, ingobernable,
sin luz, era feliz.
Ahora: marioneta, libro reeleído,
rompecabezas transportable,
alimento intelectual para perros.

Goberné el silencio del concreto
y recibí un fecha:
el comienzo y el final
y de qué me quejo,
si aquí también me han numerado.
Pero soy bufón:
el obsequio ofrecido en la necrópolis.

(De Post mortem)

(Todos los poemas fueron transcritos de Trilogía de la carne, 2012)

martes, 29 de enero de 2013

Fever


Me sumerjo un rato en mi cama. Mi cama, empapada del sudor que se vierte a borbotones de mi cuerpo. Mi cuerpo tiene una fiebre de los mil infiernos y parece que estoy a punto de parir otros cuerpos incandescentes. Es que estoy que me cago, o ya estoy cagado y no me di cuenta. Las voces se derriten en las puertas, rasgan mis paredes carniformes. Esto se parece al Guayaquil Ardiente pero sin Gustavo Navarro y sin las peladotas. Creo que con la calentura –que no se confunda con excitación– comienzo a pensar huevadas. ¡De este incendio sale el agua que lo debería estar apagando! Escucho unos pasos desde el tuétano de la casa. Se alejan. No espero la infantería blanquísima o un perro que me lama las heridas chamuscadas pero no quiero quedarme solo con esta maldita hoguera bárbara. Debería ponerle todas las trancas a la puerta desde aquí, inmediatamente, para quemarnos todos o nadie. Mi brazo se estira como una anaconda solitaria en la selva. Esta selva plegada en nueve metros cuadrados de viento que me aviva hasta la saciedad. Nadie se baja de la camioneta en llamas. Soy el pájaro de fuego que yace en las catacumbas del sol. Dios de la parsimonia, me traes a tus vecinos para que duerman con el enemigo tuyo. En mis sobacos guardo todos los mares, para apaciguar tu furia bendita, irme lejos de mí, penetrar las álgidas avenidas. El cielo colinda con la farmacia y Houdini con voz mujer ha abierto los cerrojos con las mismas manos que se hicieron una misma piedra. El paria de todas las piedras llora en su lápida ardiente. Las manecillas son de una arena inútilmente incendiable, se agrupan en un tiempo ajeno para la muchedumbre de los matorrales solares. Se averió mi flexo-brazo, mi lengua de lagartija, el yoyo tendido a mí, y ahora languidece en las baldosas, se arrastra hacia su vértice cerdoso. Los bomberos abren la puerta y con un vaso de agua sepultan a mi yo abrasado, que gorgojea desde el acantilado lleno de plumas y remoja sus cenizas.

lunes, 7 de enero de 2013

Iván Oñate


Iván Oñate (Ambato, 1948), cursó estudios universitarios en Ecuador, Argentina y España, en la Universidad Autónoma de Barcelona. Parte de su obra ha sido traducida al alemán, francés, inglés, portugués, griego, polaco e italiano. Profesor de Semiótica y Literatura Hispanoamericana en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central del Ecuador. (Tomado de ivanonate.com).



La mano de Poe

Abandonados por el amor
nos nutriremos de venenos,
de duración
y de tiempo.

Sobre todo de tiempo.

Porque el breve espejismo
donde entrevimos la eternidad
no estará más con nosotros.

Harapientos,
como dioses expulsados de un etéreo suburbio
vagaremos por la ciudad, tropezando
con chatarras de relámpagos muertos.

Mientras tanto, en un fresco cementerio,
la insepulta mano de Poe
arrancará el tallo de una flor
y escribirá este último verso.

Ataúdes tallados

Líbrame de la noche del impostor,
del que durante el día
ha trajinado
varios pasillos empapelados
con el rostro de su dicha.

Líbrame de su despertar,
Cuando lea en los periódicos
la fresca noticia 
de que ya es un difunto.

Líbrame del escándalo de sus lágrimas,
cuando en vano
traté de convencer a la gente
del equívoco
del estertor último.

La misma gente
que creyó en su falsa dicha y
ahora
muy circunspecta
asiste al entierro
de su verdadera muerte.

Ego

El Yo que recibes entre tus brazos
no es mío

Pertenece 
a un prisionero
que se disolvió en la trama
del tiempo
Pertenece
a un muchacho que duda
-echa hacia atrás las caderas-
y otra vez
duda

Pertenece
al cobarde que huyó
de los muslos de una virgen

El Yo que te entrego
no es mío
porque tampoco existe
el lugar donde me encuentro.

E.M. Cioran

En el sitio
y la hora atroz
donde el mar
devuelve a sus peces

La veré desnuda

Desnuda
y con el tiempo caído a sus pies
-como un camisón de tela cruda-
vendrá la muerte

La muerte
desprendida de su disfraz

La muerte
que surte de trajes y máscaras
a este baile de moribundos.

(De La nada sagrada, Segunda edición; 2010)

jueves, 27 de diciembre de 2012

Christian Chassi E.


Quito, 1979. Poeta, narrador y crítico de cine. Editor del periódico cultural "El gran Serafín". Sus poemas y artículos de cine han sido publicados en revistas de Ecuador, México, Perú y Venezuela. "El abandonado y otros poemas" es su primer poemario.


Abandonado III

Acostúmbrate. Te vienen con parabolas,
te vienen con ungüentos. Balancean
sus relojes muertos frente a tus ojos:
olvida olvida
olvida
olvida olvida

A ti,
que sabes de sobra que lo más puro
del olvido es la memoria.
Y ya estás harto.
¿Cómo decirles
que tras aquellas sucias puertas
los amantes
se untan de aceite los cabellos?
¿Cómo hacer
para que entiendan
que de vivir la mentira
los amantes no se mienten?

Abandonado. La soledad
es la de tu propio brazo por la almohada.
Traes una semilla
de durazno en la punta del zapato 

y hiere tus ojos el envés del alba.
Y no vuelve.
Y no llama.
Abandonado VI

Abandonado.
Detente.
Es inútil huir del poema
cuando asienta
sus patas de león sobre el tejado.
Escucha:
crick-crick-crick

Abandonado.
Los notarios
compran gorras del Pato Donald
y engullen
compota de durazno
para acercarse al alma humana.
No saben que hay días
en que la luz olvida su labor piadosa
y cae sobre el hielo
y a besos
lo hace trizas.

Abandonado.
Déjate alcanzar.
Es tuyo el dolor. Cuenta la historia.

La noche su purifica en sombras
y encandila lo mismo si se la mira de frente.
Qué importa si las palabras arrastran
un río de cuchillos,
pronuncia,
di la primera. Haz como los amantes
que cierran los ojos para ver todo más claro.

Abandonado.
Cien pasos sobre el alambre
son demasiados.
Y no vuelve. Y no llama.

Caricia

Te acaricio como si tuvieras alas
y como si tuvieras nueve años.

La noche impone.
La noche que todo
lo deja descalzo.
Así las manos solo comprueban
su dibujo en blanco.

También de acordes dormida,
tu boca permite el frío en el rostro
que hace poco buscaba.
De hierro al beso
(el amor al fondo)
y afuera de hierro
y las hojas de los árboles.

Como esos viejos
que tras sus enormes telescopios
buscan hogueras
para darles nombres,
los labios del insomne
aguardan por un gesto,
como una ventana
en que descansar los brazos
y mantener altos los  hombros.

¿Es el viento
esto que nos atraviesa?

Parece que la memoria
desiste de su celeste torpe
y nos toca el pecho,
y hacemos una pausa
para inventar embustes:

"el mar,
recolector de botellas
y piratas, nos espera.
Eliges sombreros en París
o compras brújulas
en una esquina de Bagdag…"

Noviembre pide tigres,
mas recibe estas suaves gotas
que apenas si alcanzan
para refrescar un trébol,
para llover sobre un grillo.

La bruma pide tigres,
mas recibe trenes
que maniobran con los ruedas
atascadas en la hierba.
Así como tus pestañas
nos resguardan,
así exhaustas
de llevarse 
una mujer y devolverla.

Júbilo de la frente y la figura.
¡Ah, si a una pregunta
las palabras respondieran:
son las galletas
que preparó mi esposa,
los demás, entonces,
serían cosas que se dicen
para mancharlas de café
o para corregirlas mañana!

No hace mucho era la vida.
Aprietas mi mano
y vuelvo a ser el niño
que al final de las carreras
llegaba con las rodillas raspadas.

Retroceden girasoles
llevándose la luz entre los dientes,
y no hay duda:
mañana será imposible
mirar a nadie a los ojos.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Lila Downs - Paloma negra


Lila Downs es una cantante, compositora e intérprete de Oaxaca, México. Reinvindica sus raíces mexicanas interpretando su música en español e inglés y mixteco, zapoteco, maya, purépecha y náhuatl.


Ya me canso de llorar
Y no amanecer
Ya no se si maldecirte
O por ti rezar

Tengo miedo de buscarte
Y de encontrarte
Donde me aseguran tus amigos que te vas

Hay momentos en que quisiera
Mejor rajarte
Pa`rrancarme ya los clavos de mi pena
Pero mis ojos se mueren sin mirar tus ojos

Y mi cariño con la aurora te vuelve a esperar

Ya agarraste por tu cuenta
La parranda

Paloma negra
Paloma negra
Adónde, adónde andarás

Ya no juegues con mi honra
Parrandera
Si tus caricias deben ser mías
De nadie más

Y aunque te ame con locura
Ya no vuelvas

Paloma negra
Eres la reja de un penal
Quiero ser libre, vivir mi vida
Con quien yo quiera
Dios, dame fuerzas que estoy muriendo por irlo a buscar

Ya agarraste por tu cuenta
La parranda

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Presentación Ópera Prima

Los invito al evento de presentación de mi libro y de toda la colección de poesía donde constan:

Pre-Esencias de Marcelo Silva
El Designio de la Espuma de Omar Balladares
La Danza del caído de Jorge Valbuena
El Abismo de los justos de Abel Ochoa



La presentación de los libros estarán a cargo de: Carlos Garzón Noboa, Mónica Murga, Santiago Vizcaíno y Liyanis González.






Estaría muy a gusto que puedan invitar a más gente en el siguiente evento de Facebook

sábado, 10 de noviembre de 2012

Gabriel Cisneros


Escritor, comunicador social y gestor cultural. Nació en Latacunga en 1972. Ha publicado los libros: “Ceremonias de amor y otros rituales”, “Ego de piel”, “Cópula Panteísta”, entre otros.



Réquiem

Magullo tus labios,
que en el retorno del fuego
nos harán danzar.

Anuncias mi muerte;
esperas que caiga dos
      diez
      cien veces
      rendido a tu dios;
      muriendo en tu cuenco.

Después de resucitar dos
  diez
  cien veces
  tus ojos son la música
  donde coexisten
  nuestros eternos
  y contradictorios silencios.

Resaca de piel

Quiero tu sexo en agua mineral,
placer de tierra en la nostalgia que compartimos.

Quiero tres mujeres desnudas bebiendo mi soledad,
para sentirme por un segundo acompañado.

Suicidio en ti

Para dejar una huella,
            transité tu mar
            me hice alga en tus estaciones
            y maté a mis yo,
                                    sin miedo
                                                sin asco.

Simplemente maté a mis iguales
para no parecerme a quien odiabas.

Los tonos intensos 
de tus pupilas
me borraron definitivamente.

El loco

El loco solamente susurra
en tu cuerpo:
se han suicidado los poetas
de tanto miedo…

El loco solamente escribe
y termina en una amapola de sangre
cantando el viaje.

(De Mi Yo Malo, con ilustraciones de Eddie Crespo, 2012)

viernes, 9 de noviembre de 2012

José, el indigente


En el barrio de La Garzota pasan vendedores ambulantes –o deambulantes– de hayacas y humitas a las 6 de la mañana; escuchas un “¡el gas!” y le dices –Gas, deme uno. – nadie conoce el nombre del chico; afiladores de cuchillos que están a punto de colgar los guantes de su antiguo oficio, camionetas con megáfonos que vocean los precios de las frutas –nunca falta el adjetivo “jugosas” –. Cada voz es única y reconocible, como si se hubiera perfeccionado con el paso del tiempo.

José es un personaje en esta zona, y nos visita de vez en cuando. Algunas veces se le roba un guineo a Norma, la dueña de la tienda y ella sale corriendo, con su acento en la punta de la lengua, a recriminarle su fechoría; en otras ocasiones, le “baldea” el piso de afuera al veterinario de la esquina y él le paga con un dólar. Los domingos suele ir a mi casa para que le regale ropa que no uso, y yo que uso poca, le doy lo que puedo. A veces le compro algo de comida en un kiosko de hamburguesas. Prefiero darle comida a dinero, pese a que ya no fuma nada –así dice–.

Los domingos en la mañana, no pueden faltar merodeando los predicadores con paraguas y faldas largas. Un timbre sin tocar puede acarrearles el fuego eterno y nosotros padecemos sus ganas de salvarse. Están sedientos de presentarme a Dios en un libro. Creo que ya han perdido la fe conmigo porque hace tiempo que no vuelven a mi casa y ya los comienzo a extrañar. Recuerdo de repente un versículo que dice “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber…” Pasa José –“mi amigo”, como lo conocen en mi casa– por la otra acera, me hace de la mano y me grita –¡Jefe!, ¿tiene algo?– Rebusco entre el armario alguna camiseta que ya no me quede y se la doy.

Es chistoso porque yo puedo ser amigo de Dios, mientras los religiosos que operan en el sector lo buscan incensantemente todos los domingos, teniéndolo tan cerca.

Así transcurren los días, con los ladrones que asaltan a los caminantes con rumbo a tomar su bus para el trabajo; o los vecinos que nunca te devuelven el saludo; o los chamberos –no freegans– que rebuscan entre las fundas de basura, antes de que pase el camión recolector, algún pedazo de pollo en buen estado, un poco de arroz.

José sigue visitándonos, sigue robándose guineos, yo lo sigo ayudando. Y mientras Dios es un camaleón, los timbres siguen sonando.